P. Márkaris, Muerte en Estambul: ¿Y el Griego?

¿Les apetece embarcarse rumbo a Estambul? ¿Conocer los secretos de sus monumentos, sus barrios, sus gentes? ¿Saber no ya de la coexistencia entre griegos y turcos, sino del sentir de los helenos, de los que se quedaron y de los que partieron? ¿De los sentimientos encontrados entre los oriundos de la Grecia continental en viaje turístico por Turquía y los constantinopolitanos? ¿De los griegos del Ponto, de los karamanlíes, esos griegos ortodoxos turcoparlantes que habitaban en Capadocia? ¿De las tragedias escondidas de gentes humildes que sufrieron el intercambio de poblaciones? ¿Y qué me dicen de prolongar el viaje hasta Trebisonda, no en el barco de los Argonautas, claro está, en un moderno avión para así desvelar y cerrar el destino de una mujer singular, inocente, culpable, terrible? No, no es Medea.

Pues si quieren hacerlo y además de la mano de un auténtico polita, su libro es Muerte en Estambul de Petros Márkaris.

Conocerán también a una profesora jubilada de lengua y literatura que ejercía en Estambul. Ella pregunta al comisario Kostas Jaritos si su hija estudió griego antiguo. La hija se crió en Atenas, y “No, cuando Katerina fue al instituto, habían eliminado el griego antiguo de los planes de estudio”.

La señora Sarátsoglu comenta:

“A veces pienso que daría igual si enseñara mi materia en griego antiguo. Lo expliques como lo expliques, los niños tienen las mismas dificultades. Últimamente, tenía la sensación de impartir clases en un colegio extranjero. En el Saint Benoit, en el Colegio Alemán o en el Notre Dame de Sion. Los niños de nuestra escuela aprenden la gramática griega, hablan griego en clase cuando es necesario, pero cuando vuelven a casa hablan su lengua, el árabe. Igual que los alumnos de los colegios extranjeros”.

“¿No hay niños griegos en las escuelas?”, pregunta Jaritos. Y la profesora contesta: “Sí hay. Como hay niños franceses en el Saint Benoit y alemanes en el Colegio Alemán. Pero son una minoría”. Y añade más adelante: “Eso también forma parte de la lucha”. “¿La lucha por la supervivencia?”, vuelve a intervenir Jaritos. Y ella replica: “De una lucha abocada a la derrota, señor comisario. Por eso hacemos lo imposible para que no termine. Mientras sigamos luchando, aplazamos la derrota. –De repente se da cuenta de que se está poniendo pesada e intenta cambiar de tema–: Pero no quiero cansarle hablándole de mis problemas. No me lo tenga en cuenta”.

No me lo tengan en cuenta a mí, si después de animarles tanto, termino con esta tristeza. Pero piensen en sus palabras y mutatis mutandis en lo que vivimos en nuestras aulas con el griego antiguo. Lo que nos jugamos es mucho. Y no podemos permitirnos el lujo de perder.

Henar Velasco López

 

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