De sucibus: vinos y aceites para acompañar el queso

Estando yo en mi carnicería de confianza (adquiriendo viandas para la barbacoa de rigor en fechas de calorcito y ociosidad), me encontré con tres sorpresas filológico-culinarias que trajeron a mi mente la entrada que mi compañero (y, pese a ello, amigo) Ibor tuvo a bien dejar por estos lares allá por finales de marzo (pincha aquí para leerla).

La primera de dichas sorpresas vino en forma de dorado zumo de aceituna. Y nunca mejor dicho, porque ante mis ojos estaba, escrito en flamante verde oliva, Sucus Sucus. En palabras de los padres de la criatura, ‘puesto que es un auténtico zumo de aceituna […], hemos recurrido a la raíz de nuestro idioma, el latín, que denomina sucus al zumo de la fruta’. Y uno, que es filólogo hasta en el comer, no puede por menos que quitarse el cráneo.sucus

No acabaron aquí mis asombros oleicos, pues la empresa encargada de este aceite (sita, por cierto, en la sierra de Francia) se llama Soleae; servidor, que no entendía qué pintaban las chanclas en este entuerto aceitunero, se puso a investigar y acabó dando con la fuente de inspiración: Columela, en De re rustica XII, 52, 6, enumera tres métodos de obtención del aceite, siendo el último de ellos un sistema llamado canalis et solea, similar a la pisa de la uva pero en versión olivera (para más datos, consultar el artículo de Pedro Sáez Fernández, disponible en Dialnet). Lo dicho, cráneo fuera, señores míos.soleae

Y como de zumos iba la cosa, la tercera y última sorpresa llegó en forma de tinto crianza con denominación de origen Navarra y nombre de pensadora: Hypatia. ¿Por qué ese nombre? Porque filosofar con vino siempre es mejor; y si no, vayan al bar del pueblo más cercano y desmiéntanmelo (ciudad no vale, que se filosofa de fútbol y no es lo mismo).

Visto lo visto, va a ser cuestión de que la SEEC, Ganimedes y quien sea menester se reúnan en secreta conjura para organizar un viaje a un hayedo más próximo y degustar como los dioses mandan semejantes manjares clásicos. Buenos días, y buen provecho.

Alberto López Redondo

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