El día de la poesía

In memoriam Gregorio Hinojo

Catulo 50:

Ayer, Licinio, el dulce no hacer nada
se nos fue entretenidos escribiendo
sin prisa en mis tablillas, como estaba
acordado, mostrando nuestro ingenio.
Con versos de ocasión uno y el otro
jugábamos, en metros diferentes,
entre bromas y vino, intercambiándolos.
Y de allí me marché tan encendido
por tu encanto, Licinio, por tus gracias,
que ni me deleitaba el alimento,
pobre de mí, ni el sueño clausuraba
con reposo mis ojos. Incapaz
de dominarme, el ancho de la cama
fatigué dando vueltas, como loco,
deseando ver la luz, para poder
hablar contigo, hallarme junto a ti.
Cuando agotado de sufrir, yacía
sobre el lecho mi cuerpo medio muerto,
compuse este poema,
para ti, dulce amigo,
para que comprendieras
íntegramente mi dolor. Ahora
ten cuidado, no seas imprudente,
no desprecies mis ruegos, te lo ruego
porque te quiero yo más que a mis ojos,
y no quiero que Némesis se vengue
de ti. Que es una diosa apasionada.
No vayas a ofenderla, ten cuidado.

Traducción de Juan Antonio González Iglesias.

Catulo (ed. de J. C. Fernández Corte y  J. A. González Iglesias), Poesías, Madrid 2006

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