8 de marzo: leamos la Medea de Eurípides

Hace un año, en este mismo día, expuse una lista de las mujeres más revolucionarias en la Antigüedad. Como no me gustaría repetirme, pero tampoco deseo que pase desapercibida, me gustaría remitirme a ella para que aquellos que estén interesados puedan volver a leerla aquí.

Cuando pensamos en las mujeres de la Antigüedad, en seguida nos viene un concepto a la mente: la misoginia. Por ello, en el día de hoy, me gustaría escoger otro punto de vista, uno que en realidad expresa con gran realismo la situación en la que vivía la mujer griega de cualquier pueblo: el siguiente discurso de Medea en la obra de Eurípides.

De todo lo que tiene vida y pensamiento, nosotras, las mujeres, somos el ser más desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo, o a uno bueno. A las mujeres no les da buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo. Y cuando una se encuentra en medio de costumbres y leyes nuevas, hay que ser adivina, aunque no lo haya aprendido en casa, para saber cuál es el mejor modo de comportarse con su compañero de lecho. Y si nuestro esfuerzo se ve coronado por el éxito y nuestros esposos conviven con nosotras sin aplicarnos el yugo por la fuerza, nuestra vida es envidiable, pero si no, mejor es morir. Un hombre, cuando le resulta molesto vivir con los suyos, sale fuera de casa y calma el disgusto de su corazón yendo a ver a algún amigo o compañero de edad. Nosotras, en cambio, tenemos necesariamente que mirar a un solo ser. Dicen que vivimos en la casa una vida exenta de peligros, mientras ellos luchan con la lanza ¡Necios! Preferiría tres veces estar a pie firme con un escudo, que dar a luz una sola vez.”

EURÍPIDES. Medea, 230-251

Las interpretaciones del texto son tan numerosas como el número de los que han leído la obra, pero, en el día de hoy, me gustaría centrarme en la perspectiva feminista y el ejemplo de Medea como mujer luchadora. Como bien he dicho antes, la misoginia era uno de los rasgos más característicos de las sociedades clásicas, de hecho, la mujer no era considerada ciudadana y carecía por completo de derechos; su papel era, básicamente, contribuir al mantenimiento del hogar y a la procreación (algo no muy alejado de lo que podemos ver hoy en día). El parlamento de Medea ejemplifica bien lo que supone ser mujer en la Grecia clásica, tanto dentro como fuera de casa. Sin embargo, ella, lejos de mostrar la situación de manera objetiva, recalca el sufrimiento al que estaba expuesta toda mujer y combate. Eurípides deja de lado los ideales griegos y nos expone un nuevo punto de vista: el de la mujer que se opone a la sociedad en la que vive y reivindica unos nuevos derechos, o al menos la igualdad de oportunidades entre ambos sexos. Medea es la mujer inadaptada que se niega a vivir en una sociedad que no la tiene en cuenta y en la que su papel queda resumido a la nada. Los autores feministas que interpretan el texto afirman que no solo debería analizarse a Medea como mujer bárbara y mala, sino que debería tenerse en cuenta su lado más humano y luchador, que la lleva a asesinar a sus propios hijos por considerarse digna de venganza, lo que no estaba bien visto entre las mujeres de la Grecia clásica. Debemos tener en cuenta que Medea era una extranjera, que no tenía dónde ir en caso de ser desterrada y que había sufrido una gran afrenta.

Como Medea, seguro que fueron muchas las que se opusieron a seguir viviendo en un mundo en el que su voz, por muy alzada que estuviera, no era escuchada. Y, como dijo Virginia Woolf, seguro que muchos de los anónimos de todas las épocas fueron con frecuencia una mujer que, por miedo a ser excluida, se vio en la necesidad de hacerse pasar por “nadie” para ser leída u oída. Medea no es más que un personaje literario que incita a las mujeres a luchar, las anima a hacerse oír. Actualmente, son muchas las que con ahínco buscan la liberación de la mujer en un sistema que las infravalora con creces, son muchas las “Medeas” que atacan la realidad que les toca vivir y son tomadas por mujeres que se dejan llevar por la ira. Pero nada más lejos de la realidad, muchas sociedades actuales no distan mucho de lo que sabemos de la Grecia clásica y nada mejor que este parlamento fuerte y trágico para hacernos reflexionar sobre nuestra propia condición. Como muchos de los textos clásicos, hoy en día podrían ser aplicables estas palabras a muchas de las sociedades actuales.

La tragedia hace fuerte a nuestra protagonista, la incita a expresar todo aquello que siente en su interior con un ímpetu nada común en una mujer de la época. Dejando a un lado las acciones de Medea para con sus hijos y su marido, la protagonista representa los inicios de una lucha que, injustamente, se ha extendido a lo largo de los siglos. Por elmlo, he decidido publicar hoy, 8 de marzo, este texto, para que muchas de las mujeres que se encuentren oprimidas luchen para reclamar lo que consideran justo para ellas y que no vuelvan a verse en desventaja frente a nadie; para que, como Medea, dejen de lado las opiniones tradicionales sobre lo que debe hacer o no una mujer y se alcen contra ello en busca de un futuro que las iguale en todos los ámbitos al resto de la humanidad (porque al fin y al cabo todos somos personas y la diferencia de sexos solo marca una desigualdad que nos separa más que nos une). Quiero animar a todas a buscar su fuerza interna para luchar por sus derechos y para defenderlos a plena voz. Por ellas mismas y por el resto de mujeres que hay en el mundo, porque todas ellas son trabajadoras, creadoras en potencia de un mundo en el que la desigualdad de género pase a formar parte de la historia y ocupe un lugar más pequeño en la realidad.

Quiero recalcar que esta interpretación feminista es una de las muchas que hay sobre la figura de Medea, y que he querido exponerla para resaltar la figura de una mujer que se aleja de la sociedad en la que vive y que demuestra cómo muchas veces se utiliza la figura femenina para exaltar la del hombre, en este caso Jasón. Nada de malo tiene oponerse a la realidad del momento para luchar por aquello que consideramos justo y necesario, tanto en la sociedad clásica como en la actual, en la que la desigualdad tampoco debe ser obviada.

Marina López Molina

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