Camilleri: El guardabarrera

Tantas veces hemos leído y contemplado a Apolo persiguiendo a Dafne que cuando al final de esta novela, con una intriga de asesinato y vendetta digna de ser descubierta más de sesenta años después por el inspector Montalbano, el lector sea testigo de cómo ese guardabarrera trasunto del dios helénico, apuesto y dulce tañedor de la mandolina, ayuda a su esposa a convertirse en árbol quedará sorprendido.

Sorprendido y admirado. Nino, el protagonista, no sólo construye un techo para su mujer-árbol, la abona, la poda, la trasplanta, incluso la injerta. Desesperado, le entran ganas de ir al huerto, cavar una fosa al lado de ella y tratar de transmutarse en árbol él también.

Es entonces cuando recuerda las clases de su maestro que otrora hablara del laurel. Entonces es cuando se pregunta: “¿Si lo podían hacer en la antigüedad, por qué ahora el hombre ya no era capaz?”

Camilleri advierte en una nota final: “Como El beso de la sirena, también este relato habla de una metamorfosis (que aquí es solo un intento)”.

Yo creo que es mucho más. Andrea Camilleri es capaz de innovar uno de los mitos clásicos más famosos, dotarle de una nueva calidez. Vea si no el lector qué final tan espléndido, tan lejos del desenlace trágico del pasado mítico.

Henar Velasco López

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