ALDA MERINI: UN ORFEO POSMODERNO

Accarezzami musica
scorri su di me come acqua d’argilla,
scorri sulla mia bianca pietà:
io sono innamorata di un aedo,
sono innamorata del cosmo tutto,
sono piena d’amore
sono l’ape regina
col ventre gonfio dei due golfi perfetti,
dolcissimo chiaro preludio
a una polluzione d’amore.
L’uomo scorre sulle mie bianche viscere
Non s’innamora mai
Perché sono accademia di poesia
.”


(Alda Merini, Ape Regina)

“Acaríciame música / fluye sobre mí como agua de arcilla / fluye sobre mi blanca piedad: estoy enamorada de un aedo, / estoy enamorada del cosmo entero / estoy llena de amor / soy la abeja reina / con el vientre lleno de dos golfos perfectos, / dulcísimo claro preludio / a una polución de amor. / El hombre transcurre sobre mis blancas vísceras / no se enamora nunca / porque soy academia de poesía.”

 

Alda Giuseppina Angela Merini (1939-2009) ha sido una de las voces más importantes de la última poesía italiana. Su especial atracción por las figuras de la mitología grecolatina y, en particular por Orfeo, han hecho de sus versos un canto singular dentro de la estética posmoderna, valorado por muchos y premiado con el Librex Montale y el Viareggio, entre otros premios.

Nacida en Milán, ya en su más temprana juventud Alda dio muestras de su talento poético, al tiempo que aparecían “las primeras sombras de su mente”. Tras la publicación de sus primeras obras, entre ellas La presencia de Orfeo, pasó veinte años en un psiquiátrico, que para ella no fueron más que veinte años de prisión y de silencio. Al salir, la poeta retomó con intensidad su actividad creativa y se sumergió en un experimentalismo inocente, descubriendo los valores posmodernos y acercándose con dulzura a nuevas formas y sensaciones. Ella lo justificó así: “Soy una pequeña abeja furibunda. Me gusta cambiar de color. Me gusta cambiar de medida.” (2007: 19) De hecho, la abeja fue para ella un símbolo de la fertilidad y de la libertad, frente al silencio y la prisión que supuso el encerramiento en el psiquiátrico.

Amor y religión son los temas constantes en la producción poética de Merini, que trató de afirmar sobre nuevos valores, huyendo del peso de la tradición. Además, desarrolló un concepto muy positivo y vitalista de la locura; para ella “recaer” es sinónimo de “bajar a los infiernos”, una experiencia necesaria para crecer y crear. Por eso la figura de Orfeo, como personificación del amor sublime a través del canto que viaja al Inframundo para buscar a su amada, deviene un símbolo fundamental para la poeta, y se hacen constantes las alusiones a él en su poesía. Por otro lado, la poesía de Merini está plagada de dualidades y alternancias con las que juega: primavera y otoño, luz y sombra, sagrado y profano, infierno y paraíso. Con Orfeo comparte estas dicotomías, pero no solo con él, sino también con Proserpina, que es un vínculo entre la vida y la muerte y se halla también en el Inframundo; o con Sibila, con quien se identifica porque también fue una profeta que bajó al Inframundo. De hecho, Merini sintió gran estimación por la figura de los poetas y profetas: “Los Profetas son hijos de Dios, pero los Poetas son nietos de Dios”.

Más allá del Inframundo y de Orfeo, la poesía de Alda Merini se vincula a la cultura grecolatina a través de otros aspectos: sus poesías constituyen en muchas ocasiones una revisión de los mitos y de las figuras históricas femeninas, siempre con el fin de sacarlas de las connotaciones patriarcales de los mitos donde han residido. Así, se reviven en sus poemas no solo Sibila y Proserpina, sino también Penélope, Clitemnestra, Medea o Circe, con quien la poeta se identificaba, pues reconoce en ella la falta de raíces y de mesura racional en sus acciones, que, no obstante, ve de forma positiva y lejos del tradicional rechazo que sufría por su conducta, considerada diabólica y perversa: “Noble de una fama que devora el mundo / sin censo ni mesura / hay mujeres que no tienen raíces / en ninguna cultura de la tierra.”

De este modo, y siguiendo a Cerrato (2010: 182), Alda Merini se rebeló contra la palabra de los hombres, que tradicionalmente había dado voz y vida a estas figuras femeninas, y creó un espacio que permitió a la mujer apropiarse de la palabra y de su propio cuerpo.

Si quieres saber algo más:

  • CERRATO, D. (2010) Alda Merini e il mito della gran madre: L’identità ribelle (en Rebeldes literarias).
  • ARRIAGA FLOREZ, M. (2001) Alda Merini, Versi perversi (en Lengua y lenguaje poético. Actas del 9º Congreso Internacional de Italianistas).

Arturo López Martínez

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