De Olimpia a Río

Aunque ya haya pasado cierto tiempo desde los últimos Juegos Olímpicos, “mejor tarde que nunca” así que hoy esta entrada de nuestro blog está dedicada a un evento deportivo que reúne a miles de atletas de todas partes del mundo y a millones de espectadores que los acompañan o presenciándolos o sintonizándolos desde sus casas.

Según un historiador griego del siglo I a.C., Diodoro Sículo, los primeros Juegos Olímpicos de la Antigüedad tuvieron lugar en el año 776 a.C. en Olimpia, ciudad de la que tomaron su nombre. Estos se convocaron desde entonces hasta el año 393 d.C cada cuatro años, es decir, el cuarto año de una olimpiada, que es el período de tiempo que transcurre entre convocatoria y convocatoria. En el siglo XIX, Pièrre Fredy de Coubertin, un noble francés, historiador y pedagogo, fundó el Comité Olímpico Internacional y el 6 de abril de 1896 comenzó en Atenas la segunda “primera edición” de los Juegos Olímpicos en la historia, cuyas convocatorias siguen el mismo proceso que en los originales. Como no era de extrañar, este evento partió de una idea inspirada en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, los mismos que en Grecia reunieron a atletas de todas las polis griegas y, con el tiempo, de sus colonias dispersas por el Mediterráneo.

Antes de la celebración de los juegos, se proclamaba en el ágora de Olimpia la tregua sagrada, la cual prohibía cualquier acto bélico durante el desarrollo de los juegos y grandes penalizaciones a aquellos que la violasen. Por este motivo era un tiempo de paz y unión entre todos los territorios de la Hélade, creando un sentimiento de hermandad y también relaciones entre las diferentes polis que participaban en los juegos. Esto recuerda al espíritu que hoy en día caracteriza a los juegos, unión y pluralismo internacional, sin olvidar que las únicas ediciones que no se convocaron fueron las de los años 1916, 1940 y 1944, debido a las dos guerras mundiales.

¿Y qué hay de los atletas? La exigencia de una preparación física previa no es una ocurrencia moderna: en Grecia se requería a los participantes haber pasado diez meses de entrenamientos en gimnasios y palestras, lo que implicaba una gran preparación y la práctica de una dieta acorde. Un mes antes de la competición, se les reunía para seleccionar a los mejores que después participarían en los juegos.discobolo-3

Por su parte, algunas pruebas del certamen -a pesar de que a día de hoy son mucho mayor en número y diversidad- están inspiradas en las de los helenos. En Grecia se comenzó con una única prueba, la carrera de un estadio (192 m), hasta llegar a trece pruebas: salto de longitud, diferentes tipos de lucha y de carrera, pentatlón… nada más mencionar el lanzamiento de disco, a muchos se nos viene a la mente la famosa escultura del Discóbolo de Mirón, cogiendo impulso para lanzar el disco lo más lejos posible: la esencia sigue siendo la misma. Sin embargo, también es una suerte que pruebas como el pancracio, un tipo de lucha en la que se combatía con los puños desnudos, no pertenezcan al itinerario de los juegos modernos: no había asaltos, ni reglas, ni limitaciones; solía lucharse en barro y la lucha acababa con el fuera de combate o el abandono de un contrincante. Después de esta prueba, los luchadores solían tener graves lesiones.

Sea como sea, pase el tiempo que pase, es evidente que siempre, de alguna manera, la impronta de los antiguos perdura en nosotros y que nunca dejan de sorprendernos.

Candela Prieto Serres

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