“Vamos a construir un muro” – lo que los clásicos nos pueden decir sobre Trump

Nota de la autora: empiezo esta aportación con mucho cuidado. Ya se sabe los peligros de intentar vincular las decisiones políticas en EEUU al mundo clásico. Véase aquí Ted Cruz “adaptando” las Catilinarias para criticar las reformas de inmigración de Obama.

“Afortunados aquellos cuyas murallas ya se están levantando!”. Esto no es una cita de Trump, sino de Eneas, al ver la ciudad de Cartago (Eneida 1.437).

A lo largo de la obra, parece que el héroe está obsesionado con la construcción de muros: empieza a construirlos dos veces en el libro III (sin éxito) y otra vez en el libro VII. Esto tal vez no es sorprendente; el caudillo de los troyanos está acostumbrado a la guerra, y sabe demasiado bien que a la hora de fundar una ciudad es importante pensar en defenderla. Sin embargo, parece que los muros no solo representan una física barrera defensiva.

trumpa

Cuando Dido se enamora de Eneas, empieza a descuidar la construcción de los muros (“interrumpidas penden las obras y las amenazas inmensas de las murallas”, 4.88-9). No es que no la amenacen ya los pueblos hostiles que la rodean; todo lo contrario, se han enfadado aún más con la llegada de Eneas. Más bien, el descuido de los muros es un símbolo de que ella está desatendiendo sus obligaciones como reina y que no está siendo una buena líder. Por consiguiente, construir muros puede ser no solo algo defensivo, sino una expresión de poder.

Tal vez el muro más famoso del mundo clásico sea el muro de Adriano en el norte de Inglaterra, levantado entre los años 122 y 132 d.C. Curiosamente, las noticias que nos llegan del muro en la Historia Augusta no dicen que el propósito del muro fuera defender al Imperio, sino “separar a los bárbaros de los romanos” (11.2). Así, parece que el muro era una afirmación del poder y de la identidad romana. Su papel más importante era demarcar los límites del imperio.

No hay duda de que Trump ha dicho cosas ofensivas y racistas sobre los inmigrantes mexicanos, y que la función básica del hipotético muro sería no dejarlos entrar en el país. Sin embargo, no se puede tachar a todos los que votaron por él de racistas. Entonces, ¿de dónde el afán por el hombre del famoso muro? En mi opinión, la respuesta está ahí, en los clásicos. Primero, la promesa del muro se ve como algo que diría un líder poderoso. Segundo, lo que interesa a los estadounidenses que votaron por Trump es construirse su propia identidad, y sentir que pertenecen a un grupo definido.

Sin embargo, los clásicos también tienen un aviso para los que emprendan tal obra: a todos nos gusta más Dido que Eneas.

Maria Czepiel

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