Siguiendo las pistas del imperio romano en Rumanía

Las huellas del imperio romano están por todas partes. Sólo hay que abrir bien los ojos para descubrirlas y poder rastrearlas.

Es sabido que todo amante de la cultura clásica busca constantemente señales de la vetusta presencia del imperio romano. Y es que ¿a quién no le alegra descubrir raíces latinas al aprender un nuevo idioma, o restos epigráficos, o marcas urbanas de lo que fue el imperio de Augusto? Yo, personalmente, confieso que soy la típica persona que no dudará en hacer de guía turística al viajar a un nuevo país –¡pero de guía turística de la antigüedad!

Por eso, al llegar a Rumanía tuve la predisposición de perseguir esas huellas. Al principio me parecieron algo borrosas, pues estaban cubiertas por una fina capa de polvo formada tras los años –y el olvido-. Sin embargo, prestando la debida atención a todos los detalles, quedé gratamente sorprendida. Las primeras huellas que encontré, las más fáciles de reconocer, tenían forma etimológica. Y es que todo aquel que esté mínimamente familiarizado con el latín sonreirá al escuchar palabras como a incipa (comenzar), que tan dulcemente nos recuerda al verbo latino incipio. Asimismo hallamos otros ejemplos, como alb (blanco), sora (hermana), a închide (cerrar), frumos (bonito), scaun (silla), fereastră (ventana)… Llegados a este punto, es preciso hacer un inciso para repasar brevemente las causas lingüísticas que definen estos hechos. Como ya sabemos, el rumano es una lengua romance que, pese a la fuerte influencia eslava, conserva muchas raíces latinas. De hecho, el propio nombre del idioma proviene del latín rōmānus. En la antigüedad, el territorio rumano estuvo ocupado por getas y dacios, pueblos de lengua indoeuropea que en el siglo II d.C. fueron conquistados por los romanos. Fue bajo el reinado del emperador Trajano, en el año 106, que la región rumana se convirtió en la provincia romana de Dacia (la actual Oltenia, el Bánato y Transilvania). Esta zona, además,  fue también poblada por colonos procedentes de la parte occidental del Imperio, especialmente itálicos. Por ello, el latín vulgar fue la lengua de administración y comercio de esta zona. Por supuesto la propia lengua dacia tuvo influencia sobre el latín vulgar, y aunque no se conservan testimonios escritos del dacio, se considera que unas 300 palabras rumanas de etimología desconocida provienen de éste. Y todo esto sin olvidar el nombre claramente romano de algunas ciudades, como Alba Iulia o Alexandría. El vocabulario de la actual limbă română está fuertemente influenciado por el latín, pero esto también sucede en la propia articulación gramatical de esta lengua. Al igual que el latín, se trata de una lengua flexiva, que conserva un resto de declinación y distingue tres casos: el nominativo/acusativo, el genitivo/dativo y el vocativo. Aunque el rumano fue probablemente la primera lengua que se escindió de la rama latina a causa de su situación geográfica claramente aislada, uno no puede obviar estos rasgos que lo conectan con su lengua madre.

Así pues, el latín nos sirve una vez más como apoyo para entender mejor la estructura de una lengua que estamos aprendiendo. anahi-3No es su utilidad más gloriosa pero si la más prodigada. Pero no sólo en el idioma, sino también en las ciudades encontramos esas huellas. Y es que en la mayoría de ciudades de Rumanía se puede encontrar una señal inequívoca de la presencia del imperio romano: la escultura de la loba Capitolina. Erigidas en bronce y acompañadas de los imprescindibles Rómulo y Remo, estas esculturas rompen con el tradicional paisaje rumano y crean un contraste, una mezcla de historias y tradiciones. Yo las he encontrado en Bucarest, Timisoara, Constanza… A propósito de Constanza, ya conocemos la presencia de Ovidio en esa ciudad, representada por una estatua del poeta.

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Unas líneas arriba hemos hablado de Trajano, emperador que conquistó el territorio rumano en el año 106 d.C. En uno de mis viajes tuve el placer de visitar Drobeta-Turnu Severin, una ciudad situada en la orilla izquierda del Danubio. Antiguamente fue una ciudad de la Dacia Superior, llamada en latín Drubetae. El nombre de Turnu-Severin se debe a la existencia de una torre en la orilla septentrional del Danubio. Lo curioso es que dicha torre fue erigida en un cerro rodeado por un foso para conmemorar la victoria del emperador Septimio Severo (s. III) sobre los galos y los marcomanos. En Severin hallamos además la presencia del emperador Trajano por doquier; en el año 103 el arquitecto Apolodoro de Damasco construyó el famoso puente de Trajano, del que ahora quedan unos restos. En este punto el Danubio alcanza los 1.2000 metros de anchura, separando las tierras rumanas de las serbias. En la imagen podemos observar los restos del puente de Trajano:

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Y aunque en Severin no encontramos lobas capitolinas, no podían faltar las esculturas que rinden honor a su historia. En el arbolado paseo principal de la ciudad reconocemos los bustos de dos personajes clave: Decebal y Trajano.anahi-7 Decebal, rey dacio, se vio obligado a suicidarse en el año 106, fecha en que tuvo lugar la conquista de la Dacia por parte de Trajano. Cerca de este busto sostenido por una alta columna, Trajano admira su conquista. Tal vez muchos transeúntes, turistas o rumanos, ignoren las razones de ser de ambas esculturas. Sin embargo, nosotros hoy podemos reconocer la importancia de su presencia y seguir rastreando las huellas del imperio allá donde vayamos.

Anahi Álvarez Aguado

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