Un paseo por Constanza, la antigua Tomis de Ovidio

Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar Constanza, una de las ciudades más turísticas de Rumanía. ¿Qué sabía de esta ciudad antes de visitarla? Que en verano goza de la presencia de turistas nacionales y procedentes de los países colindantes. Que tiene un estupendo puerto y una playa donde en lugar de arena hay un mar de pequeñas conchas fragmentadas. Y lo que para mí era más importante: que fue el lugar donde murió Ovidio.

Al llegar a esta ciudad, uno esperaría encontrar un sinfín de referencias a nuestro querido escritor, quien sufrió allí las penas del exilio. Sin embargo, mi sensación fue de desconcierto. No había tiendas de souvenirs con tazas, llaveros e imanes con el rostro del poeta, ni se veían sus obras en los escaparates de las librerías. Parece que Constanza está enfocada al turista y lo que éste requiere: bares, restaurantes, hoteles, y una amplia oferta de hamacas alquilables en la playa. Sin embargo, la ciudad ha decidido rendirle su propio homenaje a Ovidio dando su nombre a los principales puntos de interés. Así pues hallamos la Universitatea Ovidius, un estupendo edificio moderno que congrega diversos estudios universitarios. Si nos acercamos al centro encontramos la Piatsa Ovidiu, un lugar de encuentro turístico.  Allí, en medio de la plaza y enfrente del Museo de Historia, la estatua de Ovidio nos observa, impasible.img_20160917_145338

 

 

 

 

 

Se trata de un Ovidio reflexivo que mira al mar y da la espalda al museo. Con casi dos metros y medio de altura, esta estatua fue construida por el escultor italiano Ettore Ferrari y sacada a la luz en el año 1887. En Sulmona, la región de Italia donde nació el poeta, se encuentra una estatua similar. Es curioso pensar que dos estatuas parecidas conmemoran el lugar de nacimiento y de muerte de Ovidio, creando así esta conexión.

En el año 8 d.C. el poeta fue exiliado a Tomis, nombre que recibía en la antigüedad la actual ciudad rumana, a causa de un enfrentamiento con Augusto. El motivo del conflicto no ha sido descifrado, si bien se barajan distintas propuestas. El propio autor se refiere a ello con las palabras “carmen et error”.  Sea como sea, fue condenado al exilio en los confines del Imperio, una zona en la costa occidental del Ponto Euxino –el Mar Negro-, donde sufrió múltiples penas y trabajos durante la travesía y los años que vivió allí.  Es curioso pensar que hoy en día la costa del Mar Negro es un lugar atractivo para tanta gente y que, sin embargo, suscitó tanta tristeza en nuestro autor, como muestran sus palabras: Si os soy querido, calmad la rabia de las olas y que vuestra divinidad se manifieste propicia a mi viaje; si os soy odioso, dejadme llegar a la región que se me ha señalado: la mitad de mi suplicio radica en la naturaleza de este país. (Tristia, I, 2).

Durante los años de exilio Ovidio escribió varias obras en las que reflejó su angustia y pidió clemencia al emperador, así como ayuda a sus colegas. Con todo, murió en Tomis en el año 17 d.C. Tristia y Epistulae ex Ponto son las dos obras que el poeta compuso durante el periodo de exilio; en ellas se encuentra probablemente el reflejo más personal del autor, a través de unos versos que desprenden nostalgia y sufrimiento por la patria perdida:

Después que el viaje ha terminado, y el descanso ha puesto fin a sus peripecias, y he fijado las plantas en el lugar de mi destierro, ya sólo me consuelan las lágrimas, que saltan de mis ojos más abundantes que el agua de las nieves en primavera. Pienso en Roma, en mi casa, en aquellos sitios tan deseados y en cuanto me queda en la ciudad para siempre perdida. (Tristia, III, 2)

Ovidio llegó a Tomis en contra de su voluntad, pero su presencia allí nos otorga un legado literario a través del cual podemos recorrer Constanza, su paisaje y su población. Tomis fue habitada por los dacios, la población local, durante la dominación romana. Una mixtura de culturas se encontraba en esas tierras, pobladas también por griegos, romanos, armenios, anatolios, judíos… En la actualidad es fácil percibir la diversa mezcla cultural que caracteriza Rumanía, ya sea en las diferencias paisajísticas, en las formas arquitectónicas o en los distintos orígenes de su población actual. Gracias a los versos de poetas como Ovidio, la realidad pasada y plenitud de estas tierras nos llega con más fuerza.

El exilio del poeta fue una anécdota histórica, y la actual Constanza ha sabido honrarla a su manera. Y más que el nombre de la universidad o de la plaza, el recuerdo más dulce que la ciudad deja del poeta son las palabras que hallamos en la placa de su estatua. Unos versos del propio autor, que forman parte de su epitafio, escrito por él mismo.

Hic ego qui iaceo tenerorum lusor amorum
 Ingenio perii, Naso poeta, meo. 
At tibi qui transis, ne sit grave, quisquis amasti, 
Dicere: Nasonis molliter ossa cubent.img_20160917_145356

Constanza ofrece una traducción no literal, en lengua rumana, para todo aquel que quiera llevar a cabo lo que el epitafio reza:

Bajo esta piedra yace Ovidio, el cantante de los amores delicados, muerto por su talento. Oh, tú, que pasas por aquí, si es que has amado alguna vez, reza por él que le sea el descanso suave.

Esperemos que Ovidio encontrara paz y reposo en tierras rumanas, y que todo aquel transeúnte que pase por delante de su estatua dedique unos instantes a observar el bronce y recordar al gran poeta, que vivió y murió por su poesía.

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Anahi Álvarez Aguado

Las fotos son de la autora.

Eneas Sirio

No, no es una nueva teoría basada en descubrimientos arqueológicos, ni me tomen por loco. Eneas ‒hasta el momento y hasta que se demuestre lo contrario‒ no era sirio. Además… ¿importa en realidad de donde procedía? Otra vez la respuesta es no. Eneas era, según la tradición y los poetas, un príncipe troyano que “prófugo por el hado” llegó a Italia para fundar la estirpe romana. Esta parte del mito fundacional de Roma es uno de los pilares del la Filología Clásica y de la Literatura Universal. Casi nada, oigan. Sin embargo, la Eneida no es sólo eso, está en la triste y cruda realidad del mundo actual. Si no me creen, ahí está la prueba.

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Fotografía tomada en la frontera turca con Siria (20/09/2014)

Cuando uno va y viene por la red, buscando información, perdiéndose en páginas web, sin buscar nada, metiendo por Facebook las narices en los contenidos que la gente publica, y de golpe y porrazo encuentra esta imagen, no puede por menos que pensar en Virgilio. Nada más clásico ni más actual, aunque la foto sea de hace dos años. No era casualidad ni una elucubración mía, sino parte de una publicación más grande, de un blog de un profesor de instituto (pincha aquí). En su entrada del pasado 18 de noviembre establece la relación con Eneas y Anquises y habla del poco interés de los alumnos a la hora de conocer la historia del hijo de Venus.

Yo también sé lo que es eso. Soy uno de esos pocos jóvenes que ya desde el instituto sintieron cómo las desventuras de Eneas me atraían como un imán; aunque todavía no entendiera el verdadero significado de la obra de Virgilio. Y quizá nunca lo sepa a ciencia cierta, pero algo más que cuando tenía dieciséis años sí sé (o eso creo). A lo mejor son más interesantes las aventuras de Ulises o atrae más a los alumnos la figura guerrera de Aquiles. Permítanme que lo dude. Eneas no es un héroe que naufraga solo o se mueve por su cólera. Eneas es un héroe que lleva a toda su gente detrás. No es Ulises, ni mucho menos Aquiles. Lo que quiero decir es que también yo he visto que los adolescentes se quedan como el que oye llover cuando les cuentas el devenir de distintos personajes de la literatura. Lo sé como alumno y como docente. Por esto creo que ese blog (ab laeua rite probatum) ha conseguido con esa fotografía llevar a cabo el leitmotiv del nuestro: LA ACTUALIDAD DEL MUNDO CLÁSICO.

imagen-2-l-spada-eneas-y-anquises-1615-louvre
L. Spada, Eneas y Anquises (Louvre)

portada-eneas-anquises-y-ascanio-berniniAunque en España se haya formado gobierno y Trump haya alcanzado la presidencia de los Estados Unidos, en Siria ha seguido habiendo guerra y quizás los Eneas sirios han seguido cargando Anquises de piel morena en pos, no de las costas lavinias, sino de no morir en un bombardeo o con una ráfaga de balas en el estómago. Quizá en este mundo abarrotado de imágenes y contenidos gráficos esta fotografía no cale en la mente del alumnado. A lo mejor la saturación de nuestros sentidos a través de internet, la televisión o el whatsapp hace que nos volvamos insensibles a todo. Posiblemente, a causa de la desmemoria o la falta de interés, no sepamos transmitir a nuestros alumnos que eso mismo que le pasó a Eneas y que ha pasado en Siria, también tuvo su eco en nuestro país cuando cientos y miles de personas huyeron de aquí durante la Guerra Civil y cuando ésta terminó. Quizá no sepamos hacer ver que el drama de la existencia humana se encuentra en los clásicos, ¡demontres! Pero así es. Una vez más nos lo han demostrado (esta vez Virgilio).

No lo echen en saco roto y menos ahora con el curso para profesores de secundaria de la SEEC sobre innovación docente. Cuando nos formamos para dar clase en instituto, nos dicen que tenemos que presentar los conocimientos y conceptos a los alumnos de manera cercana, relacionándolo con el mundo en el que viven y activando conocimientos previos. Aquí han hallado ustedes un magnífico ejemplo, damas y caballeros: LA PUTA GUERRA.

Ibor Blázquez Robledo

Nuestro Espartaco cumple cien años

Hoy celebra su cumpleaños Kirk Douglas. Y son 100 los años que cumple. Sin duda desde Notae tironianae debemos celebrarlo.

A Kirk Douglas le debemos el haber conocido a Espartaco antes de que supiéramos siquiera que se trataba de un personaje histórico. No sólo es que diera voz y cuerpo (¡y qué cuerpo!) al cabecilla de la rebelión de los esclavos, sino que además se implicó como productor ejecutivo en la película, basada en la novela de un guionista y novelista estadounidense, Howard Fast. Éste la comenzó a escribir mientras estaba encarcelado (1951) por haberse negado a entregar al Comité de Actividades Anti-Americanas los nombres de los contribuyentes al Joint Antifascist Refugee Comittee (Comité de Ayuda a los Refugiados Antifascistas), que socorrió a refugiados republicanos durante la Guerra civil española. Para publicar su novela tuvo que crear una editorial propia y fue nuestro actor el que se hizo con los derechos por un precio irrisorio.

La realización de la película, cuyo tenso y largo rodaje fue dirigido en un principio por Anthony Mann y después por Stanley Kubrick, fue un empeño de Kirk Douglas, que además contrató como guionista a Dalton Trumbo, otro famoso nombre de las listas negras de Hollywood, reducido durante muchos años a escribir guiones a destajo sin firmarlos para poder subsistir (y dos de ellos ganaron sendos oscars: Vacaciones en Roma y Bravo). No contento con eso nuestro protagonista forzó la aparición del nombre de Trumbo en los créditos, lo que acabó por dar la puntilla a las listas negras. Naturalmente Kirk Douglas en su libro sobre el rodaje Yo soy Espartaco se atribuye todo el mérito; no lo vamos a discutir, que es su cumpleaños. (La reciente película Trumbo recoge todos estos episodios)

Y aunque nos salgamos del tema, no podemos dejar de recordar que las escenas de batalla se filmaron en las afueras de Madrid y en Guadalajara utilizando como extras a soldados del ejército español. En el mismo libro Kirk Douglas nos cuenta que las negociaciones con Franco fueron difíciles y que para conseguir el permiso tuvieron que hacer una donación a una sociedad benéfica de Carmen Polo.

Así pues, las gestiones y el empeño del actor dieron como resultado la película (estrenada en 1960) y la imagen que el gran público tiene de Espartaco, el líder de una revolución ideológica contra la esclavitud. Sin duda está muy alejada del personaje histórico, que vivía en un mundo donde la esclavitud era aceptada por los propios esclavos. Con toda probabilidad sus propósitos eran menos ambiciosos y en las dimensiones que adquirió la revuelta (73-71 a. C.) influyeron otros factores, como el descontento de un sector de ciudadanos libres. Pero el caso es que él es Espartaco para nosotros; una hermosa historia de cómo se construye la historia.

Felicidades, Sr. Douglas. Nosotros somos Espartaco.

(Puedes ver la famosa escena que da título a su libro pinchando aquí)

Susana González Marín

Hoy hubiera cumplido Horacio 2081 años

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Horacio, Carmen II, 10

Moderación en todo, pues hasta en medio del mismo torrente […] debes tener y mostrar aquella templanza que hace suave y elegante la expresión. (Hamlet, 3 II)

Quinto Horacio Flaco nació un ocho de diciembre del 65 a.C. Fue el principal poeta lírico y satírico latino, y su obra se compone de Sátiras, Épodos, Odas, Epístolas y el Carmen Saeculare.

Como poeta fue reflexivo en sus contenidos, acercándose sobre todo a la filosofía estoica y epicúrea y abordando tópicos literarios como el del carpe diem, beatus ille o aurea mediocritas, entre otros. Además, el poeta expone en sus composiciones su filosofía de vida.  Respecto a los tópicos, tuvieron influencia tal, que gozan de un respaldo universal a lo largo de la literatura posterior. Muchos poetas se vieron abonados a su influencia, como Petrarca, Garcilaso de la Vega o Fray Luis de León, como Shakespeare o los románticos ingleses John Keats o John Milton, o actuales como Jorge Guillén, entre otros. En los versos horacianos se puede ver un mundo antiguo que transmite una moralidad universal, atemporal. Navegando un poco en la poesía se puede ver la fuerza de nuestro poeta.

Penetrando en el poema, Horacio aconseja a Licinio huir de los extremos y elegir un término medio. Rinde su vida a la aurea mediocritas para no caer en miseria, alejándose de las envidias y el fasto. El rectius vives con que empieza tiene un sentido moral, en Ep. I 6 29 podemos leer el “vis recte vivere”. El fuerte golpe de quienes están más encumbrados (vv. 9-12) se muestra con imágenes muy plásticas. Contrataca la desgracia con un corazón preparado, y nos avisa que la muy buena suerte esconde algo perverso. El bene praeparatum (“bien preparado”) es un concepto muy extendido y profundo en la moral helenístico-romana, que alude al concepto de προφίλασθαι (“precaverse, guardarse”). Insiste en que no hay mal que cien años dure (vv. 15-17). Opone el arco a la cítara de Apolo, que no siempre está en guerra; también los dioses gustan de distraerse. Siempre, nos aconseja, debemos mostrarnos animosus atque fortis (vv. 21-22) cuando todo va mal; y cuando todo va bien, sapienter (v. 22). Agudo y reflexivo es el poema que nos dejó, quizás consecuente con el comportamiento del ser humano.

El tema fundamental de la aurea mediocritas, recogiendo la visión aristotélica de que la virtud está en el medio, procede de la poesía; ya está en Focílides, y Teognis insiste siempre en ello junto con el μηδέν ἄγαν[1]. Con aurea mediocritas Horacio intenta traducir la ataraxia de Epicuro. El ataráxico epicúreo es un hombre libre de toda preocupación, no sufre las tentaciones de poder, riqueza o política. La idea de mediocritas aparece también en Hesíodo, Píndaro. Aristóteles dice que este lema provendría de Quilón, uno de los siete sabios.

Andrés Gutiérrez Temiño

[1] Estaba inscrito en el frontispicio de Delfos, según cuenta Pausanias. “Nada en exceso”.

 

Más que solo palabras

Uno de los mayores atractivos para los estudiantes de letras clásicas es descubrir la pervivencia de las lenguas que estudian en la suya propia. Nosotros, que hablamos español, sentimos muy de cerca sobre todo el latín -puesto que aquel deriva directamente de este-, y también el griego. Así, hallar etimologías nuevas constantemente gratifica el espíritu, no solo porque facilita las archiconocidas traducciones diarias, sino también porque las etimologías son como una puerta que se abre al alma del lenguaje, esto es, que nos da la llave para no ver solo el fenómeno, sino llegar al noúmeno de ese ente tan abstracto.

Muchas veces la sensación o la reacción, cuando el profesor muestra un nuevo vocablo y dice que de ahí viene tal o cual palabra, es asentir profundamente con la cabeza y con los ojos muy abiertos, llenos de asombro. Y sucede que, de repente, una palabra cualquiera que usamos a diario de forma mecánica y de la que no esperábamos mucho misterio se ilumina y nos deja ver que en realidad era una princesa bajo la forma de un sapo. Entonces cobra para nosotros un sentido más profundo y consciente. Es la misma sensación que se experimenta al descubrir que algo que has estado haciendo toda tu vida de una manera en realidad tiene otra más fácil de realizarse.

Pues si bien ya en las palabras en las que, incluso en sincronía, reconocemos al analizarlas cosas que pasaban ante nuestras narices y no veíamos, ¡qué decir de aquellas que tienen  su magia escondida por la oscuridad del tiempo! Y es que con un tanto de latín no tan elevado y otro tanto de griego, en realidad no son tan remotos estos hallazgos. Las que he seleccionado refieren a emociones muy intensas que sentimos a menudo.

Euforia

Del griego con el prefijo ευ: que significa bien y φέρω: llevar, soportar. Estar eufórico es ser capaz de soportar todo, hacer bien cualquier cosa que se presente. Por eso lo empleamos para expresar una alegría desmesurada.

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Del griego ἐνθουσιασμός: inspiración divina, éxtasis, formada por el prefijo ἐν, “dentro”, y θεός, “dios”. Literalmente “endiosamiento”, es decir, estar poseído por un dios. Claro, puede relacionarse con el estado que provoca el consumo de sustancias alucinógenas y no estaría errado para nada, pues en la antigua Grecia la pitonisa de Delfos era “poseída” por los dioses cuando hacía sus vaticinios mientras un humillo sospechoso manaba del suelo y era aspirado por ella.

Recordar

Del latín recordari (“acordarse, recordar”). Re: prefijo iterativo (de nuevo) y cor, cordis: corazón. Significa “volver a traer al corazón”, es como vivir nuevamente cosas pasadas. En el étimo se resalta su poder de afección gráficamente y con mayor intensidad. Así podemos imaginarnos lo que le sucede a Marcel en el tan conocido episodio de la magdalena, al igual que al inspector Antón Ego de Ratatouille (2007) muy similar al pasaje anterior…

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Nostalgia

Proviene del griego νόστος (“regreso”) y de ἄλγος (“dolor”). Así, sentir nostalgia quiere decir estar entristecido a causa del deseo de regreso de algo o de alguien.

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Melancolía

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Del griego μέλας, μέλαινα, μέλαν (“negro, sombrío, oscuro”) y  χολή (“bilis”). En la antigüedad se empleaba en medicina la teoría hipocrática llamada de los humores. Planteaba que el cuerpo estaba compuesto por cuatro tipos de fluidos que, según su porcentaje, determinarían el carácter del paciente. Estos eran: sangre (sanguíneo, emocional), bilis amarilla (colérico, iracundo), flema (flemático, tranquilo) y bilis negra (melancólico, triste).

Todas están muy trilladas pero no por ello dejan de ser interesantes, ya que al conocerlas puede que nos ayude a expresarnos con más propiedad o más sentidamente. Todos hemos tenido esa sensación de vivir la lengua nuevamente al aprender idiomas nuevos, donde tenemos que pensarla, y no ya exhalarla como parte de nuestra naturaleza. En el habla cotidiana estas cosas no tienen importancia, puesto que el lenguaje más que un objeto de estudio es solo un medio para alcanzar otros objetivos, una moneda de cambio, no un fin.  ¿Cómo perder, entonces, la oportunidad de ser más intensos en la expresión, de desautomatizar el lenguaje?

Ese es un agradable motivo para recordarlas.

Jessica Valdés López

EPOPEYA FARMACÉUTICA

Hace apenas una semana, en la presentación de uno de los ponentes del curso “Latín y Griego para el s. XXI”, la profesora Charo Cortés hizo una reflexión sobre la relación de las humanidades en general -y de la filología clásica en particular- con nuestra sociedad: “por una parte nos echan de los programas educativos diciendo que es una cosa obsoleta, inútil y carente de interés, y por otro cada vez que se organizan conferencias, charlas, exposiciones o cualquier actividad cultural en torno a ellas, se sobrepasan con creces todos los pronósticos de asistencia”.epo-3

Más o menos estas fueron sus palabras, las mismas que me han venido a la cabeza esta mañana cuando, en el escaparate de una farmacia, he visto un cartel anunciando la presentación del libro cuyo título he tomado prestado para esta entrada (ya que le estamos haciendo propaganda a su autor, no creo que se oponga), Epopeya Farmacéutica: la farmacia en el Mundo Antiguo, del farmacéutico Luis Marcos Nogales, con viñetas de Íñigo Ansola. Es un viaje en clave cómica por civilizaciones antiguas como Mesopotamia, Egipto, Persia, Grecia y Roma entre otras, en las que nació y se desarrolló poco a poco esta disciplina. El libro se presentará en la Facultad de Farmacia de Salamanca el lunes 5 a las 12:00. (Más información sobre el libro pinchando aquí)

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Ya no es solo que la sociedad en general se interese por nuestras disciplinas, sino que hasta los “de ciencias” se atreven a abordarla y escribir sobre el tema. Y personalmente me parece muy bien, siempre y cuando la obra esté bien documentada (en este caso aún no lo he podido constatar), porque creo que afanarnos en hacer de las disciplinas compartimentos cerrados nos empobrece a todos. En relación con esto, puedo contar que dos amigas mías, farmacéuticas precisamente a día de hoy, en más de una ocasión han señalado que una de las asignaturas del instituto más útiles para ellas a lo largo de la carrera fue la Cultura Clásica de 3º de E.S.O. en la que, con la profesora Mª Ángeles Martín (de la que muy pronto se podrá leer una entrevista en este blog realizada por una servidora), conocimos el maravilloso mundo de la etimología y aprendimos el vocabulario básico del griego a partir del cual se ha creado el léxico de la farmacia, la medicina, la botánica, la biología, y tantas otras disciplinas que, a la luz de la cultura clásica, se vuelven más claras. No en balde, estas y otras amigas en algún momento al final de sus estudios han recurrido a mí para conocer los significados originales de ciertos lexemas y así comprender y recordar mejor determinados nombres “imposibles” e “intragables”. Porque a cualquier persona le resulta provechoso y útil –la aparentemente inexistente utilidad de las Humanidades- hablar correctamente y saber de dónde vienen las cosas que estudia, que dice y que hace, igual que contar, sumar y multiplicar, aunque en este momento estemos demasiado acostumbrados a que se cuestione lo primero.

Isabel Varillas Sánchez

P.D. Animo a cualquier persona que vaya a la presentación de la “Epopeya Farmacéutica” o que lea el libro, sea de Farmacia, de Clásicas, de Geología o de Magisterio, a enviar una entrada sobre el tema a Notae Tironianae.