ENTREVISTA A Mª ÁNGELES MARTÍN SÁNCHEZ

Inauguramos con esta entrada una nueva sección que esperamos que tenga larga vida: entrevistas a nuestros profesores de instituto, la avanzadilla que se enfrenta día a día a todo tipo de dificultades. Sin su trabajo fundamental nuestros estudios hace tiempo que habrían muerto. Y, ¿quién mejor para empezar que Mª Ángeles Martín Sánchez, de la que hemos recibido tantos alumnos y a la que este blog debe tanto?

La mayoría de los que estudiamos Filología Clásica lo hacemos porque en el instituto dimos con un profesor que supo transmitirnos su amor por las letras y la cultura clásica. En mi caso, en La Vaguada tuve la suerte de dar con dos, Mª Victoria Sánchez Conde, a quien mando un afectuoso saludo, en latín y Mª Ángeles Martín Sánchez, la protagonista de esta entrevista y una de las más asiduas colaboradoras de este blog, en griego.

Mª Ángeles se licenció en la Universidad de Salamanca en 1968 –la promoción de “los indomables” según el profesor Lainez Alcalá- y al año siguiente sacó las oposiciones de catedrática de instituto de griego y una plaza en Getafe. Desde entonces, en algo más de 40 años dedicados a la docencia, ha visto cómo la sociedad dentro y fuera de las aulas ha cambiado tirando por tierra las Humanidades junto a otros valores como el de la cultura y el respeto. Gracias por querer compartirlo con nosotros en esta entrevista.

¿Por qué Filología Clásica?

Yo creo que porque tuve muy buen profesorado de Filología Clásicas, sobre todo de griego, en comunes. En latín tuve peor suerte pues porque en 1º nos daba un profesor al que tuvieron que operar, Manuel Palomar Lapesa, y ya nos dio otro profesor, el profesor Carvallo. En segundo nos dio el profesor Díaz, pero estuvo en muchos tribunales de oposiciones, y congresos, con lo cual también nos daba el profesor Millán Bravo Lozano y la verdad vimos muy poquito

En cambio en griego, para subsanar un problema por el que nos acabó dando clase a la mitad del grupo una profesora de instituto, el prof. Ruipérez, que nos daría en 2º, nos dijo que podíamos ir de oyentes a sus clases, con lo cual muchísimo mejor, nos vino muy bien, y en segundo ya nos dio Ruipérez.

¿Cuántos estudiantes fuisteis en tu promoción?

Cuarenta y seis. Éramos, no obstante, pocos de Salamanca, porque justo cuando nosotros empezamos la especialidad prohibieron, por el problema de las huelgas, ir a estudiar a Madrid y obligaban a la gente a hacer los estudios, siempre que hubiera esa especialidad, en otro lugar. En aquel momento Clásicas solamente había en Madrid, Barcelona y Salamanca. Por eso, cuando empezamos la especialidad, estábamos los de Salamanca, como 14 ó 15, y luego estaban los andaluces, los gallegos, los asturianos, los navarros… había gente prácticamente de todas partes.

¿Había muchas mujeres en ese momento en la facultad?

Si, más o menos yo creo que estábamos equilibrados, casi 50%. Sobre todo también los chicos que había no eran procedentes del seminario, sino que era gente que había estudiado en el instituto o en algún colegio.

Algún recuerdo de tu paso por la universidad (profesores, compañeros…)

Pues recuerdos todos muy agradables. Tuve al profesor Ruipérez y al profesor Gil, dos métodos completamente distintos: tuve al profesor Ruipérez en 2º, al profesor Gil 3º y 4º y de nuevo Ruipérez en 5º. Ruipérez era sistemático, explicaba y exigía únicamente lo que él comentaba en clase; cada vez que salía una palabra preguntaba toda la familia, y los contrarios, etc, cómo ha salido esto en otro texto y por qué, etc. El profesor Gil nos hacía preparar por nuestra cuenta por ejemplo el Edipo Rey, Tucídides, algo de Demóstenes; era un examen oral, te abría el libro por donde saliera, “lea, traduzca y comente”. Y en clase también, nos hizo unos comentarios muy buenos, nos hizo trabajar muchísimo, aprender muchísimo vocabulario, con lo cual se complementaban muy bien, por un lado el método sistemático de Ruipérez que te ayuda a asimilar poco a poco y por otro el de Gil, que hacía comentario literario-estilístico.

En cuanto a los compañeros, nos llevábamos muy bien, aunque tuvimos varios problemas también porque hubo muchas huelgas: en 5º nos cerraron la facultad por dos meses por las huelgas, y eso trajo a veces también conflictos entre los compañeros por el problema de votación, de huelga o no huelga. Tuvimos que hacer alguna instancia para que nos abrieran la facultad (…) pero vamos, la relación era francamente buena, nos llevábamos muy bien todo el mundo y aprendimos también, los recuerdos son muy agradables.

Autor clásico/ obra favorita

Yo diría que Platón, quizás porque fue el que trabajé desde el primer momento y luego Sófocles y Homero, sobre todo porque fue los que más profundicé con los profesores

Y alguno que no te guste nada, o al que no tengas especial simpatía.

Pues, no sé, a lo mejor Isócrates; lo traduje alguna vez y me pareció demasiado rebuscado, y en poesía Píndaro que me resultó a veces un poco difícil.

¿Siempre quisiste dedicarte a la docencia?

Si, en principio si, quizás por tradición familiar, porque en mi casa yo era la más pequeña de todos los hermanos (somos 5) y todas mis hermanas estaban en la docencia; mi hermano al principio estaba en la investigación pero luego ha terminado en la docencia.

Y docencia de instituto, no en la universidad…

Si, empecé la tesis pero la dejé. Quería dedicarme completamente a los alumnos y el instituto te quitaba mucho tiempo. También es verdad que el primer año que yo estuve en un instituto me cargaron además, por ser la más joven, con la secretaría del instituto, con lo cual me llevaba mucho más tiempo.

Háblanos de tu primer destino

El Puig Adam, en Getafe. Era muy distinto, no teníamos teléfono -hablamos del año 70-, el director no había sido director nunca, no teníamos experiencia, con lo cual las tardes las teníamos que dedicar a que compañeros que conocían a directores de otros institutos nos contaran cómo se hacían las cosas, porque no sabíamos. No obstante la experiencia fue muy buena, porque nos unió a profesores y alumnos No tuvimos calefacción ese año, pero dimos clase todos allí sin problema; los chicos muchos iban en los autobuses de sus padres que eran obreros en las fábricas y se levantaban a las 6 de la mañana, y en el instituto teníamos un bedel maravilloso que les abría la puerta para que pasaran dentro y por lo menos no pasaran frío. Esto ha hecho que efectivamente nos sigamos reuniendo todavía, aunque abandonamos Getafe, yo en el 79 después de 10 años; los tres últimos (76-79) compartí Getafe con el INBAD (Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia) que fue también una experiencia muy buena.

¿En qué consistió tu labor en el INBAD?

En el Instituto a Distancia tuvimos que elaborar material para los alumnos; eso también me vino muy bien porque tuvimos que reflexionar sobre cómo puedes enseñar el griego a personas que no están contigo en directo. Hicimos unos documentos, con máquina de escribir, luego fotocopiados… pero fue una experiencia francamente buena porque tuvimos relación con muchos centros. Tuve la suerte de conocer a Serafín Agud en Zaragoza que era una profesor fabuloso, a Jesús Lérida de Valladolid… claro, ellos estaban aplicando eso con alumnos a los que veían la cara cada 15 días en tutoría, y me decían “esto hay que corregirlo porque no funciona bien”, o “esto otro da muy buenos resultados”.

¿En qué otros centros has trabajado?

Además de en Getafe, donde estuve 10 años, los tres últimos (76-79) compartí Getafe con el INBAD, luego en el 79 me trasladé al instituto San Isidro de Madrid y estuve allí hasta el 92 en que me vine a Salamanca, a la Vaguada.

En tu larga trayectoria en los institutos ¿has percibido muchos cambios en el alumnado?

Totalmente distinto. También tengo que decir que en cuanto al tipo de alumnado que he tenido, en Getafe tuve muchos alumnos cuyos padres eran analfabetos, pero con un interés tan impresionante por parte de los chicos por aprender, y de los padres para que aprendieran, que cualquier cosa que vieras con ellos era una maravilla. No había ni un solo problema de disciplina, todos los alumnos querían aprender todo lo que les echaras. Luego en el San Isidro también eran alumnos de clase media baja; en todos los años en el San Isidro no recuerdo más que dos o tres alumnos cuyos padres tuvieran estudios universitarios, la mayor parte tenía solo los primarios. En aquel momento el San Isidro era un instituto que tenía muchísima fama quizás por la tradición, (como tal el instituto llevaba 150 años, como centro era del siglo XVI). Como estaba en el centro, muchos alumnos hacían 2 horas de metro porque sus maestros les habían aconsejado que no se quedaran en el barrio porque empezaba la droga y todos esos problemas y que se fueran a un instituto. Por lo tanto era gente con muchísimo interés.

Cuando yo llegué al San Isidro era la transición, el año 79, fue un año en el que todavía había muchos problemas de tipo político, incluso con los alumnos. Yo de hecho tenía en clase de 3º de BUP al jefe de las Juventudes Comunistas y al jefe de Fuerza Nueva, que además, como yo colocaba a los alumnos por orden alfabético para aprenderme los nombres, coincidió que los puse juntos en el mismo pupitre, pero a lo que voy es que era todavía gente con muchísimo interés por aprender. Recuerdo que en aquellos momentos les hacía aprender en 3º de BUP (1º bach.) los verbos polirrizos y estos chicos se aprendían sus 50 verbos polirrizos porque el último día de clase consistía en un examen oral de estos; normalmente hacíamos una excursión a final de curso (en 3º de BUP a Mérida para ver el teatro romano y el museo) y eran tiempos en que los alumnos cantaban muchísimo en el bus, de todo, pero estaba claro que la canción de despedida era cantar los verbos polirrizos “para que Mª Ángeles sepa que nos los sabemos”.

En la Vaguada yo exigía los 4 ó 5 más usados, quiero decir, ya que si yo hubiera puesto un examen de los que ponía los primeros años en Getafe o en el San Isidro… me corren. También hay que tener en cuenta que en aquella época los alumnos estudiaban un año entero de latín antes con lo cual tenían una formación básica, que partías de unos conocimientos previos mucho más grandes y entonces, claro, podías exigir más porque el chico ya sabía.

Una impresión que tengo de los profesores de Clásicas en los institutos es que pocas veces se “conforman” con ir y dar su horario, sino que suelen compaginarlo con otros proyectos. En tu caso, has traducido, junto a tu hermana Adelaida, a Hesiodo para Alianza Editorial y has ganado el premio Giner de los Ríos de Educación por un trabajo realizado junto a otros compañeros profesores de esta ciudad; háblanos de estos u otros proyectos.

Yo, efectivamente, siempre he estado metida en varias cosas, grupos de trabajos… Aparte de la traducción con Adelaida ha habido varios proyectos: libros editados por Ediciones Clásicas, hicimos una edición de vocabulario mínimo, textos para COU de distintos autores; y actividades con grupos de trabajo de la Complutense de Madrid, donde varios profesores de instituto formábamos equipos de trabajo en los que hacíamos selecciones de textos para facilitar un poco el trabajo en el aula. Eso en Madrid. Luego en Salamanca, en el grupo del CEP (ahí estábamos de latín y griego y nos llevaba mi hermana Adelaida, que luego se quedó en la inspección), estábamos entre otros Marola Hernández, que me ha sustituido en la Vaguada, Gene García, que ya se jubiló, David Lucas, que está ahora en el Venancio Blanco, Manuel Morán, que está en el Torres Villarroel, Manuel Pérez y Corso, que ya se ha jubilado, Nacho Pérez de la Sota, que está en Zamora, Lourdes Diego, que está en Peñaranda, Luis Adolfo que también se ha jubilado… Entre todos estos hicimos también varios documentos: la selección de textos de latín, la selección de textos de griego, para trabajar con alumnos, fundamentalmente en 2º de bachillerato, primero en COU y luego en 2º de Bachillerato. También hemos hecho uno sobre los mitos de las plantas, el trabajo del premio Giner de los Ríos sobre léxico y vocabulario… hay varias publicaciones de estas que siempre nos han mantenido activos y que viene muy bien para reescribir la cultura clásica en bachillerato. Tenemos otro proyecto que hicimos con la facultad, con Charo Cortés, Paco Cortés y Paco Lisi que también nos lo seleccionó la Junta y nos vino muy bien: primero por trabajar conjuntamente con la universidad, y segundo porque te hace reflexionar sobre una serie de temas.

¿Cómo ves las Humanidades hoy en día a nivel general/social?

Pues, yo en principio las veo bastante en baja, porque a la gente, en el momento actual, parece que lo que le interesa es lo que dé dinero y al parecer las Humanidades para la gente no dan dinero. Creo que el materialismo se está adueñando bastante de la sociedad y ese es un peligro muy grande porque, igual que primero caímos nosotros, luego cayó la filosofía, la música también ha caído… entonces yo espero que con todo esto ya hayamos tocado fondo. El problema que yo veo es que, cuando tienes un profesorado maravillosamente preparado, te las cargas, y, en cambio, ahora que me las he cargado y estoy desanimando a la gente, ahora igual vuelven a resurgir y estoy tirando por la borda a la gente de un profesorado y un alumnado que está ahí.

¿Y en el ámbito educativo?

Pues también te pasa un poco lo mismo. Hay institutos en los que tienes la suerte, como pasaba en la Vaguada, de que el director te apoya. Por ejemplo, cuando yo intenté poner la cultura clásica como segunda opción, o estuve dando griego para los alumnos de ciencias tuve todo el apoyo del director. En cambio hay otros sitios en los que la Junta Directiva te pone trabas y eso para mí es muy importante. Cuando los alumnos se matriculan, la persona que está en la secretaría o en la Jefatura de Estudios a veces dice “no, esto crea problemas, esto fuera” y llaman a los alumnos y les dicen que se cambien de opción, que no ha salido grupo… Eso nos pasó una vez en el instituto San Isidro: me llamó un alumno y me dijo “oye, es que no nos dejan hacer Latín y Griego en COU –se podía hacer Latín y Griego, Latín y Arte, o Griego y Arte-, nos dejan hacer Latín-Arte y Griego-Arte pero dicen que Latín y Griego no porque no hay gente suficiente”. Como había unas solicitudes en las que cada alumno podía poner lo que quería, la profesora de latín y yo recogimos todas las instancias de los alumnos y había exactamente 20 alumnos, con lo cual cogimos al jefe de estudios y le dijimos “vamos a ver, tú has llamado a todas estas personas y les has dicho que no. Lo sentimos mucho pero esta asignatura se da”. El director se quedó muy extrañado porque no tenía ni idea: el jefe de estudios, porque le era muy molesto encajar ese horario, por su cuenta y riesgo decidió que no se daba, igual que llamó a unos alumnos de alemán diciéndoles lo mismo. Por eso es muy importante la Junta Directiva, igual que el ambiente del instituto.

¿Por qué crees que el conocimiento de nuestras disciplinas es importante en el siglo XXI?

Pues yo creo que es fundamental desde el punto de vista lingüístico y cultural: primero lingüístico porque tú difícilmente entiendes el vocabulario normal si no sabes latín y eso lo estás viendo en muchísimos periodistas que utilizan expresiones y palabras incorrectas totalmente, y para el lenguaje científico el griego me parece fundamental. Y desde el punto de vista cultural, pues difícilmente puedes ver un museo y entender si tú no tienes una formación básica en mitología, igual que ocurre con la sagrada escritura, que también me parece muy importante que la sepas, porque si no, no entiendes. En literatura, en el momento actual tienes cantidad de obras recientes que se basan en el mundo grecorromano. Te paseas por cualquier ciudad de España y ves cualquier cosa y tampoco la entiendes; en Salamanca a los chicos muchas veces les decíamos “¿qué tienes enfrente de La Tahona, en un extremo de la Gran Vía?” –una estatua de Mercurio como monumento al empresario- “¿para ti qué es eso?” y no sabían. Pues es el monumento al empresario, tendrás que verlo y entenderlo, o el monumento a Góngora, pues lo mismo. Tú no puedes aprender nada o prácticamente nada si no tienes una base de conocimiento amplia.

¿Qué consideras importante para un profesor de griego?

Pues yo creo, fundamentalmente, primero, que tenga una buena formación lingüística, por su puesto, que maneje el léxico, que domine los textos muy bien, pero que parta de la base de que la finalidad de estudiar griego es conocer el mundo griego a través de los textos, o sea que la gramática es un instrumento pero no un fin. Por eso es necesario, siempre ir inmediatamente a los textos, para desentrañar de cada texto todo lo que tiene para desentrañar, léxico, cultura. Y sobre todo entusiasmo por la materia. Si tú vas simplemente porque te pagan, pues no tenemos nada que hacer. Simplemente saber que eso tiene una finalidad que es conocer una materia, que el alumno saque el mayor provecho posible para que vea que el griego le sirve, y que no es solamente las matemáticas o la economía lo que le sirve, porque el griego le puede dar muchísimas cosas.

Algún consejo para los que salimos de la facultad ahora, para los que empezamos

Que tengáis mucho entusiasmo, que penséis que es muy bonita la enseñanza, que tiene muchísimas complicaciones pero que hay que volcarse y echar muchas horas, que no es solamente dar la clase: aunque lleves cuarenta años dando clase, el día antes siempre tienes que pensar qué vas a decir, preparándote el texto en mente. Y estar al día, o sea, no pensar que yo ya he aprendido todo en la facultad y con esto ya tengo para toda mi carrera. No. Leer qué se hace en otros países, en otras zonas, y sacar ideas nuevas cada vez.

Isabel Varillas

 

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