Sobredosis de solanáceas (y otros venenos)

Como nos recordaba el otro día Marcos Medrano Duque, desde la antigüedad se han venido utilizado las plantas como medios de inhibición y alteración de la conciencia y los sentidos. Asimismo también hubo sabios que se ocuparon de clasificarlas por sus propiedades medicinales. Hablamos de Dioscórides ‒cuyo magnífico ejemplar luce en nuestra Biblioteca Histórica (visita la página web del Dioscórides interactivo pinchando aquí)‒, Hipócrates y Teofrasto. Estos padres de la botánica sentaron las bases de todo el conocimiento actual sobre nuestras fotosintéticas amigas; aunque en muchos casos, la falta de conocimientos o de buenas intenciones hayan hecho que muchas de estas plantas pasen a la historia por otros motivos, es el caso de la familia de las Solanáceas y otras muchas. Dos de ellas salieron en la anterior entrada.

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Dioscórides. ms. 2659. Biblioteca Histórica USAL

En esta familia podemos encontrar clásicos como la belladona, con la que las mujeres romanas hacían infusiones con el fin estético de dilatar sus pupilas. Además de nublarles la visión durante el tiempo que dura su efecto,

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Belladona

les producía taquicardias y otros muchos efectos debidos al bloqueo del sistema nervioso parasimpático. Habían de ser muy cuidadosas con las cantidades, ya que en dosis mal calculadas el resultado es la muerte. Posiblemente la belladona debió de llevarse por delante a más de una de ellas.

Otras dos plantas famosas dentro de esta familia y con efectos muy similares, que también se utilizaron, fueron el estramonio, que se usó en los rituales en honor al dios Baco, y el beleño, que se adminsitraba también en infusiones para la anestesia en  amputaciones quirúrgicas; erróneamente, ya que en vez de sedar estimula el sistema nervioso.

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Estramonio

Los venenos como tales fueron muy importantes tanto en el mundo griego como romano, sobre todo en la época de Nerón, del que se dice que tenía una envenenadora personal: Locusta (“Langosta” en latín). De hecho, su predecesor, Claudio murió envenenado por un guiso de setas al que se le añadió la Amanita phalloides, según algunas versiones. Los hongos son otro recurso constante del que echar mano para fines poco buenos. Otras fuentes nos hablan de una mezcla de cianuro y sardonia (Ranunculus sceleratus), planta que produce una contracción de los músculos faciales al morir y de la que viene la expresión “risa sardónica”. También se cuenta que el “bueno” de Nerón envenenó al hijo de Claudio, Británico, con esta humilde planta. Parece que lo de “ranúnculo criminal” le viene como anillo al dedo.

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Amanita phalloides eclosionando

El cordobés Séneca, consejero de Nerón, también intento acelerar su suicidio usando la cicuta, umbelífera que a simple vista se parece mucho al perejil y con cuyos alcaloides se suicidó Sócrates.

Tampoco podemos olvidarnos de otras plantas como el acónito que junto con la cicuta protagonizó la mayoría de los envenenamientos de la antigua Grecia, y del opio, como nos recordaron el otro día, con el que los romanos llegaron a comerciar tanto que tuvieron que acabar fijando su precio para frenar la especulación.

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Cicuta

 

 

 

En definitiva, a lo largo del tiempo ha habido muchas plantas que de forma más o menos conocida han ido alterando el curso de la historia; algunas provenían de lugares muy lejanos y otras, como el estramonio o la cicuta, de los bordes de nuestros caminos, esperando a aquellos que no las han olvidado y saben reconocerlas. Esperemos que no le dé a nadie por jugar con las plantas después de esta entrada.

 

 

Guillermo Velasco de Cos, estudiante de Farmacia.

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2 comentarios en “Sobredosis de solanáceas (y otros venenos)

  1. Magnífica entrada. Solo un detalle: Sócrates bebió la cicuta no para suicidarse, sino cumpliendo la pena capital del tribunal que lo condenó. Por cierto, Platón describe con detalle al final del Fedón los efectos paralizadores del veneno, que iban subiendo desde los pies. Omitió las convulsiones y vómitos que provoca y que Sócrates tuvo que sufrir, sin duda para no restar dignidad a la escena.

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