Petrarca y el mundo clásico

La vita fugge, et non s’arresta una hora,
et la morte vien dietro a gran giornate,
et le cose presenti et le passate
mi dànno guerra, et le future anchora
.”
(Francesco Petrarca, Canzoniere, CCLXXII)

(“La vida huye sin frenar su apuro, / la muerte viene a paso apresurado, / y todo lo presente y lo pasado / me hace guerra, y aun todo lo futuro.”)

Dentro de la literatura italiana una de las voces de mayor eco a lo largo de los tiempos es la de Francesco Petrarca (1304-1374), un sublime poeta que, junto a Dante y a Boccaccio, conforma el grupo de las así llamadas “tres coronas” de la literatura italiana.

La singularidad de Petrarca no solo está en su obra, que ha servido de inspiración a una tradición posterior abundante y prolífica, sino en su personalidad como escritor. Él mismo se autodefinió “amicitiarum appettentissimus”, es decir, “muy deseoso de amistades”, pues a lo largo de su vida había conocido a muchísimas personas, de las cuales muchas eran figuras de gran relevancia en la cultura de su tiempo. Esto explicaría de cierto modo su espíritu cosmopolita, que había desarrollado, además, a lo largo de una intensa vida de viajes. Pero los verdaderos intereses del poeta yacían en los libros: Petrarca era un intelectual, fascinado por los clásicos; dominaba la lengua latina con magnífica fluidez, y de hecho escribió casi toda su obra en latín. Conocía también el griego. El hecho de haberse ordenado otorgó a Petrarca un privilegio muy brillante en la época: el acceso a los libros. Este era, de hecho, el motivo de buena parte de sus viajes: recorrer ciudades en busca de libros y obras olvidadas de la Antigüedad clásica, y encontró, entre otros hallazgos, una Epístola ciceroniana. Su actividad de búsqueda de nuevas fuentes originales y rechazo de traducciones, adaptaciones, prosificaciones o resúmenes han hecho a la crítica considerar a Petrarca como uno de los primeros filólogos, con verdadera fe en las letras y espíritu crítico a la hora de recurrir a las fuentes.

El vasto conocimiento que le generó la intensa actividad de lectura de los clásicos causó en él evidentes efectos que repercutirían en su producción poética. Petrarca era conocedor de las maravillas de Virgilio, Ovidio y Horacio, entre otros escritores, y asimiló sus formas y temas. No obstante, también era consciente de la ya sólida tradición poética italiana anterior a él, la poesía culta de amor que no era sino la herencia directa de la lírica trovadoresca de Provenza. Pero, y he aquí la grandeza de su obra, logró fundir ambas tradiciones, logrando un sublime cancionero que constituyó la base de toda la lírica clasicista del Renacimiento cuando menos, siendo su estilo difundido por Pietro Bembo en Italia o Garcilaso de la Vega en España.

Hay un elemento importante al cual aún no hemos hecho mención, y es la figura que vertebra la gran obra de Petrarca: es Laura, la amada inspiradora de todos los versos que contiene la obra. Así, el Cancionero petrarquista, que reúne un total de 366 composiciones, se divide en dos grandes partes: 263 poemas “in vita di Laura” y 103 composiciones finales “in morte di Laura”, puesto que la muchacha murió víctima de la peste negra del mismo año. Al alabar su figura, Petrarca recurre a todas las técnicas del Amor sublime, que emanan no solo de la poesía medieval y del dolce stil novo, sino también (y esencialmente) de la tradición grecolatina. Así pues, de forma constante el poeta menciona a divinidades latinas, especialmente en el soneto XLI; recurre a episodios mitológicos, sobre todo provenientes de las Metamorfosis de Ovidio; y recrea tópicos literarios, como el tempus fugit (“ma perché vola il tempo et fuggon gli anni[2], en la canción XXX) el carpe diem (“breve conforto a si lungo martiro[3]” en la balada XIV) el ignis amoris (“il mio caldo desire[4]” en el soneto CCXXXVI) y bellum amoris (refiriéndose a su amada como “dolce mia guerrera[5]”, en el soneto XXI; o bien aludiendo al Amor como divinidad flechadora: “Amor l’arco riprese[6]”, como Cupido, en el soneto II), entre otros; todo tipo de recursos extraídos de los textos clásicos para pulir los sentimientos que siente hacia su amada.

Arturo López Martínez

 

BIBLIOGRAFÍA

  • PETRARCA, Francesco – Canzoniere [on line aquí].
  • SAPEGNO, Natalino – Historia de la literatura italiana. Ed. Labor.
  • GONZÁLEZ MIGUEL, Jesús Graciliano – Historia de la literatura italiana: desde los orígenes hasta la unidad nacional italiana (Vol 1). Ed. Universidad de Extremadura.
  • Poesia italiana: il Duecento. Ed. Garzanti libri (I Grandi Libri). Introduzione: Piero Cudini.

 

[2] “Mas porque vuela el tiempo y huyen años”

[3] “A tan largo martirio alivio breve.”

[4] “Solía frenar mi ardiente desvarío”

[5] “Dulce guerrera mía.”

[6] “El arco Amor traía.”

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