Ganimedes no es sólo nombre de Asociación

Dicen que dar una información completa es una buena costumbre, también dicen que manifestar obviedades es un rasgo de presuntuosa vanagloria de los conocimientos de uno. Sin embargo, me he atenido a los consejos de Tirón, que ha tenido a bien recordarme que cuando publicamos la entrada del congreso de Ganimedes no dijimos de dónde venía el nombre a esta organización; y, ya que esta societas con ánimo de divulgación que es nuestro blog, tiene como cometido extender el conocimiento de los clásicos más allá de las fronteras, allá voy, como el caballo de copas.

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Mosaico romano (Sousse Museum)

Ganimedes (Γανυμήδης) era según la mitología antigua el hijo menor del rey Tros, soberano de la amurallada Ilión. Sin embargo, otras genealogías discrepan de ello. ¡Bendito Pierre Grimal que nos da multitud de tradiciones distintas! Según cuentan los relatos más conocidos, Ganimedes era un joven de gran belleza y se ocupaba de guardar los rebaños de su padre en el monte Ida. Parece que el Ida era un buen sitio para encuentros fugaces y secretas coyundas de los olímpicos con pastores, si no, que se lo digan a Anquises. Zeus, prendado por la belleza de aquel púber, decidió hacer lo que mejor se le daba, comenzar un nuevo affaire con cualquier mortal que se le cruzara. El joven acabó en el Olimpo como copero de los dioses, al igual que su análoga femenina, Hebe (juventud en griego). Algunos dicen que fue el propio Zeus el que raptó al muchacho, otros que él mismo bajo la apariencia de un águila (animal a él ligado) y también los hay que dicen que envió a un águila para que lo raptara y que el padre de dioses y hombres premió al animal convirtiéndola en una constelación: Aquila.

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El satélite Ganimedes

Y esto me recuerda un chiste. ¿Ustedes saben lo que hacen un italiano y dos alemanes un domingo por la tarde algo aburridos? Pues poner un nombre a un planeta. Discúlpennos el chiste malo. El italiano era el famoso Galileo Galilei y los alemanes Johannes Kepler y Simon Marius; tres afamados astrónomos a los que le debemos el descubrimiento y el nombre de este satélite de Júpiter (una de sus cuatro “lunas”: Ío, Europa, Ganimedes y Calisto). Como ven, la mitología clásica siempre ha sido un comodín útil para la gente que descubren cosas nuevas en el cosmos. Parece ser que Galileo fue el primero en notar que había “tres estrellas fijas” cerca de Júpiter, las cuales no resultaron ni estrellas ni fijas, sino pequeños cuerpos que se movían alrededor del planeta más grande de todo el sistema solar. Y no se crean, también hubo pendencia en el descubrimiento de este cuerpo celeste. Resulta que Marius acusó a Galileo de haber copiado su trabajo y de que él lo había descubierto días antes. Sea como fuere, Marius, por sugerencia de Kepler:

«Júpiter es muy culpado por los poetas debido a sus anómalos amores. Tres damas son especialmente mencionadas por haber sido cortejadas con éxito por Júpiter. Ío, hija del río Ínaco, Calisto de Licaón, Europa de Agenor. Luego estaba Ganimedes, el apuesto hijo del rey Tros, a quien Júpiter, después de haber tomado la forma de un águila, transportó al cielo sobre la espalda como fabulosamente dicen los poetas (…) el tercero, a causa de la majestad de su luz, Ganimedes». (puedes leerlo aquí)

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Galileo Galilei

 

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Simon Marius
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Johannes Kepler

Y después de algunas disputas, finalmente, Ganimedes tuvo su “luna” para él solo y los cuatro mayores satélites jovianos acabaron teniendo unos nombres mitológicos mucho más hermosos que la denominación que otros propusieron: Júpiter I, Júpiter II, Júpiter III y Júpiter IV. Hemos de decir también que Ganimedes es el satélite natural más grande de Júpiter y del sistema solar, mayor que Mercurio y la Luna, y con campo magnético propio, amén de el único. Además, recomiendo un pequeño relato de Isaac Asimov, para muchos el pontífice de la ciencia ficción moderna, llamado Navidad en Ganimedes. No tiene que ver mucho con el mundo clásico, pero es entretenido.

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Comparación entre Ganimedes, la Luna y la Tierra

El mito de Ganimedes, por ejemplo, tuvo su pervivencia, no necesariamente negativa, también en el cristianismo ‒evidentemente reinterpretado‒, pues Dante en la Divina Comedia (Purgatorio, IX, 19-33) ve en el rapto del pastor troyano una imagen del alma pura arrebatada para ir al cielo. De alguna manera los poetas se las tienen que ingeniar para salvar los mitos antiguos.

Y aquí llega la última cuestión: ¿por qué la asociación de Jóvenes Investigadores de Filología Clásica tiene este nombre? Ganimedes es uno de los jóvenes de la mitología eternamente jóvenes y su mito también es una especie de correlato de la vida del filólogo clásico, el cual es arrebatado por el águila de la disciplina. Como ven, hay algo de iniciático, mas no de mistérico, en la figura de Ganimedes.

Me gustaría terminar con una pequeña anécdota que tuve la suerte de presenciar y que tiene que ver con la eterna batalla entre estudiosos de dónde acentuar los nombres griegos. ¿Heródoto o Herodoto?, ¿Hesíodo o Hesiodo?, ¿Tucídides o Tucidides?… y así con todos. Pues resulta que hace un par de años, el ya jubilado profesor José Carlos Fernández Corte al hilo del congreso de Vitoria dijo con esa voz y ese tono sentencioso que lo caracterizan: «Que por cierto, se dice Ganimedes, no Ganímedes, ¡demonios! ¡Que ahí hay una larga!», recordándonos la regla de la penúltima en latín y que en griego esa “e” era una “heta”.

Ibor Blázquez Robledo

 

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3 comentarios en “Ganimedes no es sólo nombre de Asociación

  1. Solamente por apuntalar la figura de Ganimedes (tras el estupendo comentario de Ibor Blázquez) y arrimar el ascua a la sardina de la poesía española, recuerdo aquí los versos de Góngora al comienzo de las «Soledades» (vv. 6-10), cuando para alabar hiperbólicamente la belleza del protagonista de su historia, un peregrino enamorado, rechazado por su amada y separado de ella (“náufrago y desdeñado, sobre ausente”) es puesto en competición de hermosura con “el que ministrar podía la copa / a Júpiter mejor que el garzón de Ida”, o sea, Ganimedes. Cosas de don Luis.

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