Margallo arúspice

Eran cerca de las nueve de la noche del viernes 7 de octubre. Iba por la N-403 escuchando la radio cuando comenzaron el noticiario de la noche. Entre algunas de las nuevas que transmitían los locutores de RNE estaban las declaraciones que esa mañana había hecho en Ankara José Manuel García Margallo, Ministro de Exteriores del Gobierno en funciones (noticia aquí). Su sabor clásico merece que se reproduzca literalmente la respuesta que dio a los periodistas cuando le preguntaron por el tema que desde hace casi un año nos atormentamos las gentes de este país: ¡EL GOBIERNO! (Si Tip y Coll levantaran la cabeza…).

Allá va: «No he tenido tiempo de auscultar el hígado de las aves, pero el día es brillante y mi presentimiento íntimo es que las cosas van por buen camino y tendremos antes del 31 de octubre fumata blanca».

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Hace unos días Elena Villaroel Rodríguez nos ilustraba en qué consistía la ornitomancia romana y cómo se puede rastrear su huella en la cultura popular hasta nuestros días. Dejaremos a un lado la referencia al cielo despejado ‒que, por cierto, también tiene que ver con la adivinación antigua‒ y el guiño a la elección papal, para centrarnos en lo hepático de la declaración. Hoy traemos a colación otro de los sacerdocios romanos: haruspex. Parece que el señor Margallo todavía recuerda de sus años de escolar ‒ya que puede que de ahí le venga el conocimiento de este tipo de adivinación‒ la existencia de rituales donde se buscaba el futuro hurgando en las entrañas de las aves. Además, el que suscribe ha de decir que, cuando la frase se oye con el tono en el que se pronunció, causa más impacto, puesto que el ministro empleó un tono bastante irónico, incluso me atrevería a decir que sarcástico. Supongo que por el hartazón causado por el hecho de que los periodistas lleven meses haciendo la famosa pregunta.

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El “hígado de Piacenza” es una representación en bronce del hígado de una oveja hallado en el Piceno con inscripciones etruscas. Está dividido en distintas celdas con teónimos escritos en ellas

Ciertamente los haruspices eran unos sacerdotes de origen etrusco que se encargaban de predecir el futuro examinando las entrañas de un animal sacrificado. La etimología de la palabra haruspex está relacionada con el verbo specio: mirar/ver (σκέπτομαι) y la raíz indoeuropea *ghere: entraña; luego, literalmente: “el que mira las entrañas”. ¡Qué sería de nosotros sin la etimología! Y hemos de decir más, la técnica a la que se refería el ministro tiene nombre propio de origen griego: “alectomancia” (DRAE), que viene de la palabra para designar al gallo (ἀλέκτωρ) y μαντεία (adivinación). Este método de predicción consiste en ver el futuro mediante el canto del gallo o la observación de la piedra de su hígado: la alectoria. Ésta es redonda y tiene el tamaño de una avellana.

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Mosaico de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles

Hemos visto una vez más cómo los contenidos de nuestras disciplinas se pueden deslizar de manera anónima en uno de los temas de más rabiosa actualidad. Es muy interesante que un político haya escogido una respuesta tan ingeniosa como esta, ya que demuestra, no sólo el conocimiento o cierto barniz cultural en el emisor de la misma, sino también que la elección de esa forma de expresión sólo pueden desentrañarla (y nunca mejor dicho) los conocedores de la Cultura Clásica.

Me gustaría acabar con dos reflexiones respecto al hígado de las aves del señor Margallo. No es cosa rara que los políticos ‒al menos los romanos‒ se preocuparan de la adivinación; pues recordemos la obra que compuso Cicerón: De Diuinatione, tratado gracias al cual conocemos bastantes hechos sobre augures y arúspices. Finalmente… fíjense ustedes hasta qué punto hemos llegado con el problema de la formación de Gobierno, que hasta un Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación se ha planteado consultar las entrañas de las aves. Tiene su gracia. Discúlpennos y sonrían, por favor.

Ibor Blázquez Robledo

Más sobre Dylan y sobre (una especie de augurio de) su premio

En esta polémica sobre el Nobel que el otro día mencionaba nuestro alumno Gabriel Martí en este blog (pincha aquí para ver la entrada) yo soy de los que humildemente opinan que ha sido una buena elección. ¿Por qué no?

Aproximadamente una semana antes de la concesión hablaba yo en el despacho de mis amigos Mª José Cantó Llorca y Carlos Fernández Corte mientras recogían sus enseres con motivo de la jubilación. Nuestra conversación recayó en la reciente autobiografía de Bruce Springsteen (que teníamos en nuestras manos) y, leyendo algunos fragmentos, nuestro jubilado profesor de Literatura Latina dijo algo que resultó ser un augurio: “Esta prosa me recuerda a Philip Roth en la forma y en el contenido. En realidad estos cantantes, tan buenos letristas, son como los auténticos líricos antiguos. ¿No os parece que una letra como la de “Knockin’ on Heaven’s Door” de Dylan es un poema extraordinario y, como ese, tantos otros?”.

La secretaria de la Academia sueca, como hizo Carlos unos días antes con los líricos, ha recordado a Homero y a Safo. A mí personalmente la lectura me recuerda más a Arquíloco (incluidos sus dísticos del escudo), a Anacreonte o a Propercio, por nombrar griegos y latinos. No quiero decir que Dylan los haya leído (tampoco que no). Solo quiero recordar que unos y otro parecen tener una inspiración común fuertemente humana que ha marcado la lírica de Occidente desde hace muchos siglos y, a mi juicio, Dylan es un excelente representante.

Es difícil elegir una letra de Dylan, pero en honor a él y a los profesores jubilados me limitaré a recordaros ese poema al que se refería Carlos sin saber que a la postre su comentario resultaría una especie de vaticinio del premio:

Mama, take this badge off of me
I can’t use it anymore
It’s gettin’ dark, too dark for me to see
I feel like I’m knockin’ on heaven’s door
Knock, knock, knockin’ on heaven’s door (quater)

Mama, put my guns in the ground
I can’t shoot them anymore
That long black cloud is comin’ down
I feel like I’m knockin’ on heaven’s door
Knock, knock, knockin’ on heaven’s door (quater)

[Mujer, quítame esta insignia
Ya no me sirve de nada
Hay demasiada oscuridad para mis ojos
Creo que estoy llamando a las puertas del cielo
Llamando, llamando a las puertas del cielo (quater)

Mujer, entierra mis pistolas
Ya no puedo disparar más
Sobre mí desciende la gran nube negra
Creo que estoy llamando a las puertas del cielo
Llamando, llamando a las puertas del cielo (quater)]

(Puedes escucharla aquí)

Dylan la grabó en 1973 para la banda sonora de la película de Sam Peckinpah “Pat Garret & Billy the Kid”. La versión que aparece en la película acompaña la escena en la que el viejo sheriff muere en brazos de su esposa. Dylan añadió otras letras en otros conciertos en directo. Os añado solo una (ha habido más):

Mama, wipe the blood from my face
I’m sick and tired of the war
Got a lonely hard feeling and it’s hard to trace
I feel like I’m knockin’ on heaven’s door

[Mamá, quítame la sangre de la cara
Estoy harto de la guerra
Me siento mal y no sé por qué
Siento que estoy llamando a las puertas del cielo]

Las traducciones corresponden a la versión española de Bob Dylan Lyrics 1962-2001 (New York / London / Toronto / Sidney: Simon & Schuster, 2004), que se publicó en Barcelona (Global Rythm Press, 2011) en edición bilingüe con traducción de Miquel Izquierdo y José Moreno (de ellos es la traducción del texto de la canción original), y con excelentes notas de Alessandro Carrera (a él pertenece la traducción de la estrofa añadida) en las que podréis encontrar abundante información sobre sus letras y canciones. Estoy seguro de que a algunos de vosotros las más de 1200 páginas de esta edición os darán más de una muestra de por qué no me parece mal el fallo.

Agustín Ramos Guerreira

Hércules: de héroe a drag queen. Una breve historia de la deconstrucción de la masculinidad

“¡Bendición! ¡Hércules campeón! Parte favorita en las encuestas de opinión…”

…y otra vez, Disney da en el clavo. Desde la antigüedad, Hércules ha sido uno de los personajes más tratados tanto en la cultura clásica como en la moderna (solo en los años 50 y 60, en Italia se produjeron diecinueve películas sobre el héroe). Pero no siempre ha sido representado como el paradigma de la virilidad: en otras épocas era un bruto e incluso un travesti.

Claro, en la mitología sí era la personificación de la fuerza. Todos sabemos que de bebé estranguló a unas serpientes y que más tarde le fueron asignadas doce labores que suponían matar, capturar y robar (y en una ocasión limpiar unos establos). Pero esta virilidad violenta también siempre ha sido algo ambivalente, algo que tiene consecuencias trágicas: lo que Disney no incluyó en su película fue el episodio en que Hércules, enfurecido por Juno, mata a su esposa Mégara y a sus niños, como nos cuenta Eurípides en su tragedia Herakles.

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Hércules y la Hidra, Antonio de Pollaivolo (ca 1475)

Con el tiempo, esta ambivalencia la encontramos por escrito cada vez más. En la Argonautica de Apolonio, el autor lo presenta como un bruto que usa su fuerza impulsivamente; nos cuenta, por ejemplo, cómo mató despiadadamente (νηλειῶς) a Teiodamas por oponerse a él por un buey. Su fuerza ya está pasada de moda; a los escritores ya no les interesan los héroes arcaicos con su fuerza estereotípica, sino que buscan a héroes nuevos y más complejos.

Pero la deconstrucción de la masculinidad de Hércules par excellence viene con el aumento de la popularidad de la historia de nuestro héroe y la reina Ónfala. Según el mito, Hércules tuvo que ser su esclavo durante un año como castigo por haber matado a Ífito. Por consiguiente, el héroe más viril de la historia tuvo que hacer tareas femeninas, como el hilado (Propercio 3.11.20).

Y no solo esto, sino también llevó ropa de mujeres.

En los Fasti, Ovidio nos cuenta cómo Fauno intentó liarse con Ónfala, pero como ella y Hércules habían intercambiado la ropa, y estaban en una cueva oscura… Toqueteó a la persona equivocada. Y en Propercio, Hércules intenta convencer a las mujeres del culto de la Bona Dea para dejarle entrar y darle un poco de agua diciendo que él también una vez fue una mujer que hilaba y llevaba sujetador (Propercio 4.9.47-50).

Hoy en día, Hércules sigue siendo en parte el paradigma de la masculinidad, y ha sido representado por los hombres más ‘masculinos’ que tenemos (véase Arnold Schwarzenegger, en la película Hercules in New York).schwar

 Sin embargo, en nuestra época, y de acuerdo con una noción más matizada de la masculinidad, no siempre nos lo tomamos tan en serio. Por ejemplo, su fuerza se representa en sátiras como esta, que muestra al presidente Theodore Roosevelt luchando con la Standard Oil Company:

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Asimismo, en la película de Disney (1997), al principio la fuerza de Hércules es el motivo por el cual los demás se ríen de él. Más tarde, aunque consiga mucha fama con sus talentos, sus hazañas heroicas no bastan para que vuelva al cielo a estar con sus padres. Como dice Zeus, “Pues a un héroe verdadero no se le mide por la magnitud de su fuerza, sino por la fuerza de su corazón.” ¡Ayyy, Disney.!disney

Maria Czepiel

Robertus Dylan Premio Nobel de las Letras 2016

La noticia más impactante de este fin de semana dentro del ámbito de la prosa y el verso ha sido la proclamación del premio Nobel de Literatura 2016. Tal  honor  ha recaído en las manos, y el lápiz, del famoso y revolucionario cantante Bob Dylan. Este hecho ha causado cierto revuelo dentro de la comunidad de los más literatos, ya que normalmente la Academia otorgaba esta peculiar “corona de laurel” a un escritor propiamente, reconociendo su labor y su producción literaria como hacedor de contenido puramente artístico en forma de escritura. Pero en este caso el galardonado es lo que en la Antigüedad llamarían un rapsoda.

Esta práctica tan antigua se remonta fácilmente hasta el siglo V a.C, donde algunos de los autores griegos más celebres que conocemos a día de hoy  también recibían premios y honores en certámenes en los que se competía presentando una pieza literaria de la índole que se exigiera. Y la mayoría de ellos eran poetas o dramaturgos. Bajo esta perspectiva responde Sara Darius, la permanente secretaria de la Academia, a la pregunta de si la decisión de haber otorgado este reconocimiento al cantante norteamericano, o en este contexto poeta-rapsoda, representa una ampliación radical en los criterios de selección de la Academia:

“Puede parecer así, pero si miramos para atrás, bien atrás, uno descubre a (los poetas griegos) Homero y Safo, que escribieron textos poéticos o piezas que estaban hechas para ser escuchadas, representadas, a veces acompañadas con música. Y aún hoy leemos a Homero y a Safo y los disfrutamos. Es lo mismo con Bob Dylan: puede ser leído y debe ser leído”.

Efectivamente, siendo totalmente estrictos con la definición de la RAE, el “autor” es la persona que ha realizado una obra científica, literaria o artística, y estas tres entidades tan culturalmente conocidas cumplen tal requisito. Está claro que cada uno de ellos proyectaba el contenido de su creación para un determinado fin, pero no se puede negar que los versos creados por esta tríada de poetas tan dispares cronológicamente son una auténtica delicia tanto para nuestro paladar como oído literario y musical.

Personalmente pienso que, a pesar de no haber escuchado mucho a este cantante, por muchas buenas letras de protesta que fraguara en sus canciones, haya gente que seguramente se lo merezca más. Tan solo es mi opinión. Pero no me parece tan nefasto y radical el hecho de que tal galardón se le haya dado a un compositor de canciones antes que a un compositor de libros. Ambos son creadores de arte y autores de obras inmortales. Al igual que nuestros queridos clásicos con sus poemas épicos o con sus sensuales versos, que han perdurado per secula seculorum hasta nuestros días.

Gabriel Martí Baeza

La predicción del futuro a través de las aves en la tradición clásica

El augurio del futuro venidero es un tema que siempre ha llenado de curiosidad a los seres humanos. Entre estas artes adivinatorias está la ornitomancia, que es la capacidad de presagiar el futuro a través del vuelo y el canto de los pájaros.

Los augures de la antigua Roma utilizaban los trazos que formaban las aves en el cielo, como si de un cálamo poético se tratara. En invierno llaman nuestra atención los graznidos de los grajos. Pues bien, los augures también tenían el poder del augurio a través de dichos graznidos.  Estos sacerdotes eran consultados por los magistrados para asuntos de índole política.

En la mitología, el adivino Tiresias dio las claves al tebano Edipo sobre los hechos trágicos que condicionaron su vida desde el nacimiento. Tiresias era ciego, pero podía ver en el tiempo a través de las aves.

Veamos en este fragmento de Edipo, Rey, la exhortación que le hace Edipo a Tiresias para que le revele lo que sabe sobre las circunstancias que le preocupan:

“(…) No desdeñes, pues, ninguno de los medios de la adivinación, ya te valgas del vuelo de las aves, ya de cualquier otro recurso, y procura tu salvación y la de la ciudad; sálvame también a mí, librándonos de la impureza del asesinato. En ti está nuestra esperanza. Servir a sus semejantes es el mejor empleo que un hombre puede hacer de su ciencia y su riqueza.”

En el artículo de Luis Miguel Gómez Garrido De avefrías, lavanderas y otros barruntos de nieve en la cultura popular de las provincias de Ávila y Salamanca. Etnotextos y comparatismo”  (pincha sobre el título si lo quieres leer) vemos cómo las aves predicen la llegada del frío. En el mismo, podéis encontrar un fragmento del Libro I de Las Geórgicas, de Publio Virgilio Marón, y otro fragmento de Historia natural, libro X, del escritor romano Plinio el Viejo, que recogen los agüeros relacionados con el comportamiento de las aves y los barruntos meteorológicos de cigüeñas y grullas.

Plinio el viejo nos relata que los córvidos graznan de forma extrema cuando presagian un hecho funesto. Y así sucedió tras el asesinato de los mercenarios de Medio: todos los cuervos salieron volando de las regiones del Peloponeso y del Ática.

Por otra parte, nos habla del búho, de mal agüero también. Si se ve al búho en una ciudad o durante el día, es presagio de hechos trágicos.

El artículo pone de relieve la profunda raigambre popular que tiene la predicción a través de las aves, desde la antigüedad clásica hasta nuestros días.

Elena Villarroel Rodríguez

 

¿Dos chinos en Londinium?

Una vez más, el periodista cultural Guillermo Altares recoge en el diario El País (30 de septiembre de 2016) una noticia muy interesante para los aficionados a los Estudios Clásicos, que ofrece algunos detalles sobre el estado actual de una investigación arqueológica en el Reino Unido. (Pincha aquí para ver la noticia)

Y es que, efectivamente, existen indicios de que en el Londres tardoantiguo (ss. II – IV d.C.) hubiese algún que otro individuo originario de la China. Un grupo de arqueólogos británicos considera bastante probable que unos restos exhumados de un cementerio romano compartan rasgos morfológicos (y quizá también genéticos) con los habitantes actuales del extremo oriente asiático.

Que la antigua China y el Imperio romano tenían conocimiento la una del otro, por mínimo que fuese, es un hecho que parece en la actualidad fuera de toda discusión. De todas las fuentes literarias conservadas, Plinio el Viejo (6.54) llama la atención por sus referencias al lejano pueblo de los seres, situado más allá de los confines del Imperio de Alejandro Magno:

Los primeros hombres conocidos son los seres, famosos por la seda de sus bosques; cardan el blanco de sus hojas tras sumergirla en agua, de ahí la doble tarea para nuestras mujeres, que la devanan en hilos y la vuelven a tejer: con un trabajo tan complejo y procedente de una región tan lejana se busca que una matrona luzca públicamente este tejido transparente. Los seres son realmente amables, pero también, a semejanza de las bestias, evitan el contacto con el resto de los hombres, y esperan expectantes la llegada de mercancías.

 A estos orientales dedicados a la obtención de la seda se los suele identificar actualmente con los tocarios, el enigmático pueblo indoeuropeo que pobló la región del Río Tarim, al noroeste de la actual República Popular China. Asimismo, los testimonios chinos antiguos aluden a las relaciones diplomáticas y comerciales que mediaban entre ambas civilizaciones, principalmente desde los años de Antonino Pío o Marco Aurelio.

¿Y si estos restos humanos hallados en Londres pertenecen de verdad a los antiguos habitantes de la China? ¿Se trataría de los seres de que habla Plinio el Viejo? Y en todo caso, ¿qué motivo habría llevado a estos hombres no al centro del Imperio Romano, sino a una ciudad tan periférica como Londinium? De momento, sólo podemos esperar el veredicto de los arqueólogos; luego, los historiadores tendrán que presentar sus nuevas hipótesis.

Federico Pedreira Nores

LOS ANFITEATROS: ROMANOS Y ANATÓMICOS. El uso del latín como lengua de prestigio en el Anfiteatro de Fonseca (Salamanca)

Es raro el día en que no pase por la calle Ramón y Cajal y vea el Campo de San Francisco y el tercer anfiteatro anatómico de la Universidad en la calle Fonseca. Algunos llaman a esta calle “la calle de los borrachos” porque a altas horas de la noche se puede ver a estudiantes salir o regresar de fiesta bajo los efectos de una noche de parranda.

Este anfiteatro anatómico de la Universidad de Salamanca resalta sobre su entorno: su planta circular, su estructura cilíndrica, sus ventanas tapiadas de medio punto en la parte superior y rectangulares en la parte inferior, el vano de su entrada con un arco de medio punto, dos columnas corintias en cuya parte superior se puede ver el símbolo de la Facultad de Farmacia (la serpiente y el caliz), un friso con una leyenda en latín, un frontón triangular y muchos elementos más que hacen de ello una obra arquitectónica muy interesante.  Esta edificio, ideada por el arquitecto Santiago Madrigal en los años 30 del siglo pasado para la aplicación práctica de la medicina, no pasa desapercibido. Recordémos que la Hospedería de Fonseca era la antigua Facultad de Medicina, así que se ideó como un anexo a la Facultad.

En este artículo nos vamos a ocupar del friso con la leyenda en latín, prueba de que éste se utiliza como lengua de prestigio en edificios públicos y sigue vigente. Creo que una de las funciones del filólogo clásico es ayudar a descifrar y explicar estas incripciones que configuran la Salamanca monumental y que muchas veces, por desgracia, pasan desapercibidas para el ciudadano de a pie. Las piedran hablan, o “saxa loquuntur”, y nos cuentan mucho de la historia de nuestra ciudad: solo hay que saber escucharlas.

La leyenda reza “AD CAEDES HOMINUM PRISCA AMPHITEATRA /PATEBANT NOSTRA UT LONGUM VIVERE DISCANT”, que se podría traducir por “Los antiguos anfiteatros estaban abiertos para la matanza de los hombres y los nuestros para que aprendan a vivir una larga vida”.

Este dístico estaba en el segundo anfiteatro anatómico de Salamanca y el catedrático de anatomía Prieto Carrasco pidió que se pintara en este anfiteatro para recordar la historia de Salamanca. En sus propias palabras  “para que no se olvide del todo, ni el dístico, que por sí merece honores de publicidad perpetua, ni la razón ni época del noble y limpio origen de la obra dieciochesca para que fue destinado, ni su final vergonzoso para la Universidad, ya que rescatarlo parece difícil, se debe, al menos y así se hizo, reproducirlo en un nuevo afiteatro que se había construido en 1926 junto a la Hospedería del Colegio Fonseca”.

La leyenda en cuestión establece una dicotomía entre los anfiteatros de la Antigua Roma donde los gladiatores se batían a muerte y por tanto relacionados con la matanza (caedes) y los anfiteatros de la medicina destinados precisamente a fomentar la vida de las personas y aumentar el conocimiento científico. Así, vemos una distinción entre anfiteatro Romano / anatómico y entre vida/muerte en estos dos versos

En conclusión,  creo que después de este breve artículo es difícil que alguno se pregunte qué función podemos tener los latinistas en la sociedad en su conjunto o en la sociedad salmantina en particular, ya que con nuestro buen quehacer filológico podemos ayudar a entender mejor el patrimonio monumental, que no solo es de todos, sino que forma parte de nuestra propia identidad.

Para aprender más:  VÁZQUEZ, R. (Ed). …ut longum vivere discant. Liber amicorum profesor Pedro Amat.  Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2013. Nota: lo podéis encontrar en la Biblioteca de Libreros (Sta. María de los Ángeles) o en la Biblioteca de la Facultad de Medicina.

Juan Francisco Rodríguez Quintana

El calendario de César

Hace pocos días Google conmemoraba el cuadringentésimo trigésimo cuarto aniversario del Calendario gregoriano con un doodle. La ocasión nos ha animado a recordar otro calendario, el de César, del que el Gregoriano es una mínima modificación.

El calendario romano tenía tres características que no tienen los nuestros: es un calendario que no cuenta hacia adelante, sino hacia atrás; es un calendario que se expresa en ordinales, no en cardinales, y por ello los extremos del cómputo están ambos incluidos en el número (si hoy es el día de referencia, el “tercero antes de hoy” es anteayer: hoy el primero, ayer el segundo, y anteayer el tercero, no “dos días antes” como usamos nosotros); y dispone de tres fechas fijas, los Idus, las Nonas y las Calendas.

Explicaremos brevemente estas características, empezando por el nombre de los días, que llamaremos “fechas”  (La palabra “fecha” viene de facta, que significa “las cosas hechas” en ese día). El nombre Idus procede de una raíz  etrusca que significa algo así como “dividir”, pues forma la divisoria del mes. Puesto que había meses de 31 días, los Idus caían hacia la mitad del mes, nuestro día decimoquinto. Las Nonas son el noveno día antes de los Idus, contando como se ha explicado arriba. Nonae toma como referencia Idus y supone nueve días con respecto a los Idus,  pero contados hacia atrás y contados inclusivamente. Así que las Nonas serían el 7 del mes, puesto que si el 15 es el día de los Idus, el 14 el anterior, pridie, y el 13 es el tercero, ante diem tertium Idus Martias, el 12 el cuarto, y así sucesivamente hasta el noveno, que sería el día 7. Con las Kalendas no hay ningún problema, siempre se trata del día uno de cada mes.

Los años romanos eran irregulares, pues podían durar desde 355 días los más breves hasta incluso más de 400 días en años excepcionales. Los 355 del calendario republicano, anterior a la reforma de César, se distribuían así: 4 meses más largos, de 31 días, Marzo, Mayo, Junio y Octubre; Febrero, el más breve,  de 28 y los siete restantes, de 29 días. Si hacemos los cálculos resultan 355, unos diez días menos que el calendario astronómico, el tiempo que tarda la tierra en encontrarse exactamente en la misma posición del cielo tomando al Sol como referencia (el Sol alrededor de la tierra, en la percepción antigua). Como las diferencias entre el tiempo astronómico y el político se hacían sentir, de manera que a veces los meses de invierno caían en primavera, ya desde los griegos se acostumbraba a intercalar meses extras, para hacer concordar ambos tiempos, el año  solar y el año civil. Los meses intercalares se sumaban en Febrero, a partir del día 24, de manera que en ocasiones, cada dos o tres años por lo general, los años podían contar con trece meses.

La decisión de intercalar meses, como todas las relativas al Calendario, los días fastos y nefastos, los días comiciales, etc., las tomaba en Roma el colegio sacerdotal  presidido por el Pontifex Maximus. Siempre se ha dicho que la religión romana era una religión política, pues determinaba la validez de los días en que se podían emprender acciones políticas o legales. La reforma cesariana del calendario, siendo, como es natural al tratarse del dictador, un acto político, sin embargo no la emprende César en su calidad de dictador, sino en la de Pontifex Maximus, cargo para el que fue elegido antes incluso de alcanzar el consulado. El significado de la reforma está claro. Roma, con su conquista de Asia por medio de Pompeyo y su influencia sobre Egipto ejercia el poder en todo el mundo conocido; la reciente guerra Civil había sido en realidad una auténtica guerra mundial, que transcurrió en Grecia, Egipto, África, Hispania y la Galia. César celebró un cuádruple triunfo sobre cada una de estas partes del mundo. Un poder mundial, visible por su dominio de la geografía del mundo conocido, necesitaba también un tiempo mundial. El acto globalizador de  César acaba con los calendarios particulares de las distintas ciudades estado e Imperios que va aniquilando y los dota de un tiempo único, el tiempo político romano.

Capaz de aprovechar los conocimientos científicos y astronómicos que desde siglos antes atesoraba el mundo griego supo asesorarse de expertos astrónomos alejandrinos, personificados en Sosígenes, para acompasar el tiempo político con el tiempo astronómico y pudo utilizar su poder Imperial para imponer un tiempo único.

Poder romano y ciencia griega. Como resultado de su reforma, los años contarán a partir de aquí con 365 días, más un día extra que se intercalará cada cuatro años en Febrero. Los meses contarán con el número de día que nosotros hemos heredado. Los cinco meses republicanos más largos y el más corto, permanecerán invariables con 31 y 28 días, mientras que el resto verán alargados sus 29 días a 30 o a 31 días. El añadido de un día al mes de Febrero, que nosotros ponemos al final del mes (29 de Febrero), César lo colocó el día 24 de Febrero, porque ese era el punto en el que se incluía en el viejo calendario el mes intercalar. El 24 de Febrero era ante diem sextum Kalendas Martias, y cuando se añadía un día cada cuatro años, ese día se repetía en el calendario y se llamaba bissextum, en vez de sextum. De ahí lo de nuestro año “bisiesto”.

Algunas curiosas consecuencias de la reforma del Calendario de César que han sido puestas de manifiesto por su mejor estudioso actual, Denis Feeney, en su extraordinario libro Caesar´s Calendrier. El futuro Augusto, Cayo Octavio, llamado después Cayo Julio César, con el nombre de su padre adoptivo, había nacido el año 63 a. C.,  el día de Apolo, nuestro 23 de Septiembre. Según el calendario republicano anterior a la reforma de César, entonces vigente,  tal día era  el día octavo antes de las Kalendas de Octubre, ante diem octavum Kalendas Octobris. Téngase en cuenta que en dicho calendario el mes de Septiembre tenía 29 días. Con el calendario de César Septiembre pasa a tener 30 días, por lo que el día para el festival de Apolo (y el nacimiento de Augusto) debe llamarse de otra manera, esto es, cambiar de fecha: ante diem nonum Kalendas Octobris.  Añade Feeney que algunas ciudades, hábilmente, mantuvieron las dos fechas, de manera que celebraban dos veces el  cumpleaños del Emperados. Y, por cierto, el propio concepto de cumplir años sólo es posible después de la reforma, pues, antes, el mantenimiento de la misma fecha no aseguraba que hubiera pasado la misma cantidad de días y desde luego no 365: por ejemplo el último año del calendario republicano que terminó en Diciembre del 46 a. C. duró 445 días.

José Carlos Fernandez Corte

Hemos vuelto

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