A vueltas con el gazapo zamorano

Tras la lectura de la entrada en este mismo blog titulada “Gazapo oficial en Zamora” y compartiendo totalmente lo expresado en la misma, me surgieron -¿no es acaso esta la misión del blog?- varios interrogantes: ¿Por qué se inscribe este texto en este contexto?, ¿qué hay detrás de esa extraña inscripción? ¿de dónde puede venir el error?.

Con rapidez fueron surgiendo las respuestas. El edificio es obra del arquitecto Alberto Campo Baeza y podemos encontrar explicado en varias webs su proyecto (pincha aquí):

“Frente a la Catedral, siguiendo las trazas del huerto del antiguo convento, levantamos una fuerte caja de muros de piedra abierta al cielo. Todos los muros y el suelo en piedra. Con la misma piedra que la Catedral. Un verdadero Hortus Conclusus. En la esquina que mira a la Catedral, una piedra mayor, de 250x150x50, una verdadera Piedra Angular. Y cincelado en ella

HIC LAPIS ANGULARIS MAIO MMXII POSITO”

La primera sorpresa es que la inscripción con el gazapo no es la única del edificio. En correlación con ella existe otra más lógica y evidente, en la que se hace referencia al lapis angularis, expresión que nos es bien conocida, seguramente más por la influencia de los textos bíblicos que por Vitrubio. Y por tanto, el arquitecto busca en su construcción un juego de oposiciones: la piedra, que la relaciona con la memoria y la enraizada con la tierra, frente al vidrio, que nos lleva al futuro y nos envuelve de aire… Las inscripciones latinas, por tanto, son las que deben dar la clave de esta oposición.

Lo bueno del caso es que tenemos muy bien documentado el proceso creativo de las inscripciones, pues Campo Baeza publicó en 2012 su libro “Principia Architectonica” (puede encontrase en la red en pdf tanto la versión previa en español (pincha aquí) como la versión definitiva en inglés (pincha en este enlace). En este libro podemos encontrar un capítulo dedicado a las “piedras angulares” y nos explica la idea que el autor tiene de ellas: Hasta hace pocos años había de hecho la costumbre de hacer visible esa piedra angular, la cornerstone. Y se solía colocar a la altura de la vista, para que se viera bien, en la esquina más visible. Y en ella se grababa, a veces en latín y siempre con números romanos, la fecha de su terminación. Y en su interior se introducía una caja metálica con documentos relativos a la historia del nuevo edificio.”. (pág. 59) (la negrita es nuestra). Además nos ofrece la fuente de inspiración de estas inscripciones: los edificios de la Universidad de Columbia. De allí, se recogen cinco inscripciones –todas en inglés- con el mismo esquema: “Corner stone laid –mes- -día- -año en romanos-“. Pues bien, en la edición en castellano dice: “Dentro de poco grabaremos en ella la fecha de inauguración de nuestro edificio, con un significativo CORNERSTONE LAID FEBRUARY THE FIRST MMXII”. Y más adelante (pág. 99) “vamos a grabar un Corner Stone Laid January MMXII. Como rezan las cornerstone de Columbia. Y de los inmensos vidrios sin costura de 6 x 3 metros, en los que grabaremos al ácido Corner Glass Placed January MMXII.”

Podemos ver, por tanto, que la idea era mantener estas inscripciones en inglés, pues adapta la segunda (“stone” por “glass” y “laid” por “placed”). Algunos meses más tarde, en la edición inglesa ya nos encontramos el texto cambiado al latín: On it we have engraved the following words in Latin: HIC LAPIS ANGULARIS MAIO MMXII POSITO.  And for similar reasons we have engraved on the most visible angle of the glass cube: HOC VITRUM ANGULARIS MAIO MMXII POSITO” (Pag. 68).

Por tanto, mi opinión es que la idea del arquitecto no era utilizar el latín y que algo –o alguien- le hizo cambiar de idea. Y por las fechas de publicación de los libros y las fechas que se manejaban para la inauguración del edificio no se debió emplear –como resulta obvio- demasiado tiempo en hacer las traducciones ni en cuidar la tipografía. Ambas fallidas.

Acabo con otro texto extraído de este capítulo dedicado a las “piedras angulares”: (pág. 57) “una vez más, cuando se trata de edificios con sólo piel de piedra, volvemos a encontrarnos muchas veces con graves problemas de ortografía en sus fachadas”.  Cambiemos ortografía por gramática y está hecho.

Ángel Ballesteros

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