Plinio y otros apodos del latín

Eusebia Tarriño nos envía un fragmento de El rapto de las sabinas, de F. García Pavón (1969):

— Antes de pasar a ese segundo capítulo, me gustaría satisfacer una curiosidad.

— ¿Cuál?

— ¿Por qué le llaman a usted Plinio?

El jefe se sonrió por la inesperada pregunta del hombre del casco rojo.

— Pues se lo voy a decir al contao. El apodo de Plinio es de herencia. Yo tuve un tío abuelo que pasó algunos años en el seminario de Ciudad Real, según creo. Sus compañeros, los guácharos de cura, le llamaban Plinio por no sé qué cosas del latín. Se corrió el apodo al pueblo y desde entonces todos los descendientes por rama directa, ya que se casó, y por ramas laterales, nos llaman los Plinios… Ya no queda más Plinio que yo y mi hija.

— Comprendo. El latín ha dado lugar a muchos motes en esta patria de curas. Cuando yo estudiaba en el colegio de Bilbao, al conjugar el presente de indicativo del verbo sum, siempre me equivocaba, y en vez de decir en el plural: sumus, estis… decía: sumus, “setis”, sunt… Y todos los compañeros me llamaban “el Setis”. Ahora la gente está más educada y los apodos no cunden.

—Bueno, señor Setis, pues volvamos al tema… –dijo Plinio ya impaciente.

—Volvamos, señor Plinio.

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