SALMANTINAS ILUSTRES: LA LATINA

De La Latina, reciben su nombre, por ejemplo, un colegio, un instituto, una calle en el centro de Salamanca y uno de los barrios más conocido de Madrid.

latina 2Si preguntáramos a los habitantes de estas dos ciudades el nombre de la mujer de la que hablamos, me atrevo a aventurar que la mayoría no sabría responder. Y es que a Beatriz Galindo, también conocida como “la Latina”, una de las grandes humanistas de esta tierra, la historia de España la ha dejado de lado por mucho que las instituciones se “esfuercen” por traerla a la memoria con estatuas y placas.

Beatriz Galindo nació en Salamanca en 1465, probablemente en lo que ahora es el nº11 de la calle la Latina, donde pasó su infancia y juventud junto a sus muchos hermanos. Sus padres, hidalgos venidos a menos, eran conscientes de que casar a todas sus hijas sería costoso a más de un nivel (sobre todo económicamente), por lo que decidieron que Beatriz, que se mostraba interesada en los libros, estudiaría gramática y después ingresaría en un convento.Así pues empezó sus estudios de gramática dependientes de la Universidad de Salamanca, donde se relacionó con Fernando de Rojas y Antonio de Nebrija entre otros (esperemos que a nuestros hipotéticos “encuestados” estos nombres sí les suenen). A los 16 años era considerada una experta en textos y autores clásicos, tanto en latín (lengua en la que siempre destacó) como en griego. Tal era su fama que a los 21 años, cuando Beatriz iba a ordenarse monja, la Reina Isabel I de Castilla la llamó para que fuera profesora tanto de sus hijas como de ella misma al considerar (rarezas de la época) que la formación humanística, y ebeatriz1specialmente el latín, eran imprescindibles para un buen monarca.

Beatriz se trasladó a Madrid donde residió durante 19 años y se hizo gran amiga de la reina Isabel. Aunque varias veces estuvo tentada de marcharse, no lo hizo hasta la muerte de la reina en 1504. Pero siguió viviendo en la capital, en el barrio que ahora lleva su nombre, pendiente de todo lo que sucediera en palacio, hasta su muerte en 1534.

De si se casó, si siempre se sintió más cercana a Dios que a los hombres, si tuvo hijos o si era guapa no hablaremos aquí. Tampoco de si verdaderamente fue la primera profesora que hubo en España, si impartió clases de latín en la Universidad o si su autor favorito era Aristóteles. Pero sí recalcaremos que fue una gran latinista, que supo hacerse un hueco en un mundo masculino, que su nombre era sinónimo de cultura y erudición y que sólo por eso merece que los salmantinos y “cuantos de la apacibilidad de la vivienda salmantina gustan” sepan por qué una de las vías más céntricas de la ciudad es llamada “La Latina”.

Isabel Varillas Sánchez

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