LORCA, LA GENERACIÓN DEL 27 Y LOS CLÁSICOS

El pasado mes de marzo tuvo lugar en la Fundación Pastor de Estudios Clásicos el congreso «Lorca,   la Generación del 27 y los Clásicos», que durante dos días resucitó el mundo de Federico García Lorca y sus coetáneos y nos enseñó con gran acierto cómo la Edad de Plata de la literatura española debía gran parte de su esplendor a la herencia y estudio de nuestros clásicos de Grecia y Roma. Con motivo del 80 aniversario del asesinato del poeta, los organizadores del congreso Marina Solís de Ovando Donoso (UAM) y Oliver Baldwin (KCL) con el apoyo de la «Fundación Federico García Lorca» decidieron convocar un homenaje a esta gran figura de la literatura española, invitando a especialistas y entusiastas de la obra del granadino y a expertos investigadores sobre la recepción de los clásicos a comienzos del siglo XX.

Desde la óptica de diversos ámbitos de la investigación (filología, dramaturgia, tradición y  recepción clásica) se ahondó en el inagotable estudio entre la relación de la Generación del 27 y los  antiguos. El congreso contó con la presencia de un gran experto en la adaptación de obras lorquianas a escena, el dramaturgo Alberto Conejero, quien expuso de forma brillante y apasionada la gran fuente de inspiración que supuso la obra clásica en la primera poesía del gran Federico. Los poemas La muerte de Pegaso, La aurora del siglo XX y La religión del porvenir recogen al mismo tiempo la tradición grecolatina y la actualidad de su propio mundo y pensamiento, clamando la vuelta a Grecia como renovación espiritual. Francisco García Jurado, profesor de Filología latina en la Universidad Complutense de Madrid, nos introdujo en la estética idealista de la tradición literaria a través del Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma de Lorca, promulgando una nueva tradición que supera el concepto de “fuente” y se decanta por el estilo y diálogo entre los textos. A continuación, Carmen González Vázquez, profesora de Filología latina de la Universidad Autónoma de Madrid, tuvo la gran amabilidad de adelantarnos parte de su gran trabajo sobre la puesta en escena de los clásicos a comienzos del siglo XX en España, ahondando en todos los aspectos que llevaron a autores de la talla de Unamuno a escoger determinadas obras clásicas como forma de expresión. La última conferencia de la tarde corrió a cargo de Marina Solís de Ovando, doctoranda de la Universidad Autónoma de Madrid, quien con una sensibilidad poética única asumió el perfecto papel de Sibila y nos guió por el infierno particular de Federico en Poeta en Nueva York, trasladándonos a la América de comienzos de siglo y a la propia experiencia del granadino en sus calles.

La segunda sesión comenzó con una comunicación de Sandra Cruz Gutiérrez, doctoranda de la Universidad de Salamanca, acerca de la influencia de los recursos dramáticos del teatro griego clásico en la trilogía rural lorquiana, prestando especial atención al coro como elemento fundamental de la tragedia. Lorca reconocía en este mecanismo una pieza clave para la articulación de la obra trágica, que además de ser una composición lírica representaba los valores de las normas grupales de la sociedad frente a los deseos del protagonista. El profesor David López del Castillo, del IES Alameda de Osuna (Madrid) nos presentó a Cristobal de Castillejo, un autor español del siglo XVI casi desconocido y del que se resaltó su labor como adaptador de la fábula mitológica al verso castellano y su recepción en los autores de esta Edad de Plata de la literatura. En un giro completo a la influencia de la Antigüedad clásica en Lorca, Helena González Vaquerizo, ayudante doctora de la Universidad Autónoma de Madrid, mostró cómo en la Grecia del siglo XX se tomó la figura de Federico García Lorca como seña de identidad de la pasión española, dando lugar a  numerosos trabajos artísticos sobre su persona y su obra en todos los ámbitos posibles: desde la poesía hasta el teatro y, sobre todo, en la música. Por último y como cierre a este emotivo coloquio, Oliver Baldwin, del King´s College de Londres, nos conmovió con la trágica historia que se presenta en La Casa de Bernarda Alba a través de la ceguera simbólica que presenta su protagonista, Bernarda, en un gran paralelismo con el héroe trágico griego por excelencia: Edipo.

A través de estas conferencias quedó patente la gran influencia que el mundo antiguo tuvo en esta extraordinaria generación de artistas y sobre todo en el autor central de este congreso, Federico García Lorca, quien supo incorporar a su obra, conjugando tradición e innovación, elementos universales heredados del Mundo Antiguo, pues “los antiguos sabían muchas cosas que hemos olvidado”.

Sandra Cruz Gutiérrez

Lorca

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