Parecidos razonables: Perseo y Andrómeda – Susanoo y Kushanida

Podemos decir que los mitos, en cierta medida, tienen un esqueleto, una serie de motivos que se suelen repetir, formando una especie de cadena de eventos. A veces el orden de estos se cambia o se altera el momento, produciéndose variaciones sobre el tema. Esto no
ocurre solo con cuentos de una misma cultura o tiempo, sino de culturas diferentes. Así, uno de estos ejemplos es la semejanza entre el mito grecolatino de Perseo y el japonés de Susanoo.

Perseo es un héroe del linaje de Zeus, hijo de Dánae y abuelo de Heracles, cuyo mayor logro es la decapitación de la Gorgona Medusa. Libera a Andrómeda, que es hija del rey Cefeo y de Casiopea; ésta había sido atada a un peñasco como castigo por la hybris de su madre, la cual osó comparar su belleza con la de las Nereidas, o, en otras versiones, con la de la propia Hera. Las Nereidas, hijas de Posidón, enfurecidas, piden venganza a su soberano padre. Así pues, el colérico dios envió un monstruo marino a las tierras de Cefeo, a Etiopía, y empezó a asolar sus tierras por medio de terribles inundaciones. Consternados ante tal catástrofe y tras consultar el oráculo de Amón, ofrecen a la hija de Casiopea como sacrificio, atándola a una roca junto al mar. Perseo, después de matar a Medusa y ataviado con las sandalias aladas de Mercurio, sobrevolaba Etiopía y pudo ver a Andrómeda. Enamorado a primera vista, pregunta al padre por su mano y éste le cuenta al griego la situación. Perseo se ofrece a liberarla a cambio de casarse con ella. Sin aparente dificultad, mata al monstruo gracias a las armas con las que se había enfrentado a la Gorgona, y consigue la mano de Andrómeda.

Este es el mito contado por Ovidio e Higino.

Además tenemos una historia similar en la cultura japonesa. En este caso, Susanoo, dios del mar y de las tormentas, y hermano de la diosa del sol Amaterasu y del dios de la luna  Tsukiyomi, vagaba por una montaña, hasta que vio unos palillos flotando en el río Hi. Entonces dedujo que río arriba debía de haber alguien. Y así era: una pareja de divinidades locales, que vivía río arriba, lloraba desconsoladamente junto a su hija. El dios les preguntó por el motivo. Los ancianos respondieron que una serpiente gigantesca de ocho cabezas y ocho colas venía cada año a devorar a una de sus hijas y que Kushanida, la muchacha que estaba junto a ellos en ese momento, era la última de ellas. Susanoo, impresionado por la belleza de la joven, hizo al anciano padre la misma pregunta que Perseo, si le entregaría a la princesa en matrimonio. El anciano accedió de buen grado por dos razones: de ese modo su hija podría salvarse y además se desposaría con un dios con una mayor jerarquía divina.

Así pues, Susanoo organizó un plan que consistía en preparar ocho barricas llenas de aguardiente para emborrachar a la serpiente. Aquí hay dos versiones: una en la que la serpiente directamente se abalanzó sobre las barricas e ingirió el aguardiente; y otra en la que dentro de la barrica se había moldeado una estatua de una mujer y en cuanto la serpiente vio la sombra de la estatua dentro de la barrica, se tragó el contenido del recipiente con la intención de devorar el sacrificio. Sea como fuere, el resultado en ambas versiones resultó ser el mismo: la serpiente cae dormida casi de inmediato. De este modo, el dios pudo decapitar al monstruo. Sin embargo, mientras Susanoo cortaba las cabezas con su espada, esta se quebró al chocar con algo en cierto momento. El dios, extrañado, comenzó a escarbar y encontró que dentro de la serpiente había una espada. Susanoo, en señal de respeto, se la obsequió a su hermana Amaterasu.

En el mito japonés hallamos una explicación del color rojizo del río, que en realidad se debe a los metales y no a la sangre derramada de la serpiente; y el origen de uno de los tesoros nacionales, la espada Kusanagi.

Ssana

Por lo tanto, lo que tenemos en estas dos versiones es uno de los motivos de cuentos folclóricos y mitos más conocido: un héroe errante que se encuentra a una doncella en apuros y decide salvarla, a condición de casarse con ella.

Airén López García

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