El papiro del wáter

papiroCuesta imaginar un destino más cruel para un documento que acabar siendo usado como papel higiénico. Eso fue lo que le ocurrió a un malhadado papiro de Oxirrinco con eruditos comentarios a unos versos de Ilíada (2.277-318). Es un contundente ejemplo de la gran paradoja que se da en la transmisión de los textos de la Antigüedad: los libros que se guardaron celosamente en bibliotecas públicas o privadas en su mayoría sucumbieron con el tiempo a incendios, saqueos y destrucciones, mientras que los que se desecharon y acabaron en tumbas, en basureros o como forro de momias (los llamados cartonajes), tenían el destino de ser recuperados. Durante décadas, la mayor mina de papiros griegos estuvo en la montaña de basura de la ciudad egipcia de Oxirrinco, desenterrada desde los últimos años del s. XIX por los célebres filólogos ingleses Bernard Grenfell y Arthur Hunt, pioneros y titanes de la papirología. Del montículo sacaron a la luz millares de papiros de todo tipo, que llevaron a la Universidad de Oxford y fueron publicando en la colección de los Oxyrhynchus Papyri, que aún se sigue editando y va ya por 80 volúmenes, con más de 5200 papiros. Las sorpresas no han dejado de sucederse, al aparecer entre los hallazgos fragmentos de obras literarias perdidas y de las que incluso no se tenía noticia, así como múltiples documentos de la vida cotidiana.

Uno de los ejemplares más curiosos es el papiro catalogado como P.Oxy. 67.4633, del s. III d. C., publicado en 2001, que se ha hecho famoso en círculos papirológicos tras aparecer hace unos meses en un blog de divulgación mantenido por Brice C. Jones. Ya el editor del papiro, J. Spooner, mencionaba su destino ignominioso, acrecentado por una investigadora de papiros bíblicos, Anne Marie Luijendijk, que lo ha calificado como “el papiro del wáter” (toilet papyrus), por si el pobre papiro no tuviera ya bastante con la pátina que lo recubre desde hace siglos. Este aditamento biológico, por cierto, se ha mostrado de lo más interesante para conocer la dieta del usuario (no el lector, el otro). Un arqueobotánico de Londres lo analizó y encontró restos de salvado de trigo, que precisamente suele prescribirse para el estreñimiento por su elevado contenido en fibra. Podemos preguntarnos sobre las razones para este uso tan inhabitual de un papiro (pues a pesar de estar pulidos, no debían de considerarse lo bastante tersos para estos menesteres). ¿Era lo que se tenía más a mano y fue tomado al azar entre papeles desechados? ¿O hubo un ensañamiento premeditado? ¿Se trató de la venganza de un escolar poco aplicado en los estudios homéricos, o fue obra de un erudito rival del autor de los comentarios? Recordemos que ya Catulo imagina enmerdados los versos del poetastro Volusio: Annales Volusi, cacata carta (36.1): “Anales de Volusio, papel lleno de mierda” (en
la traducción de Juan Antonio González Iglesias), o “Papel con palominos” (en la de
Aníbal Núñez, que intenta reproducir la aliteración de cacata carta). Solo hay espacio para elucubraciones. Confiamos en que en la sala oxoniense donde se conserva no necesiten pinzas para poder trabajar.

Marco Antonio Santamaría Álvarez

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