Ariadna toma la palabra

El profesor José Carlos Fernández Corte nos ofrece un breve resumen de la conferencia que pronunció el día 25 en la Casa de las Conchas dentro del ciclo “Mujeres del mundo clásico: entre la sumisión y el poder”.

Ariadna toma la palabra pretende destacar que, aunque la figura de Ariadna es conocida en el mito griego, tanto en su versión literaria como a través de la cerámica ática e itálica, sólo toma la palabra por primera vez en la literatura romana del s. I. Esta princesa cretense, hija de Minos y de Pasífae, siempre aparece en el mito ligada a dos figuras masculinas, el héroe ateniense Teseo y el dios Baco. La transición de una figura a otra produce versiones contradictorias, pero el mito, con su “constancia icónica” nos deja dos momentos memorables: el abandono por parte de Teseo en la playa de Día o Naxos y su descubrimiento por parte de Dióniso. Conviene resaltar que en ambas escenas Ariadna suele estar dormida. Y que en la representación más frecuente del abandono Teseo no está nunca solo, sino acompañado por Palas Atenea, el dios sueño y otros dioses. El sentido de la presencia divina es exculpar al héroe ateniense de la acusación de ingratitud por abandonar furtivamente a la mujer que lo favoreció entregándole el hilo (o la corona) para orientarse en el laberinto habitado por el minotauro.

Catulo es el primero en presentar a Ariadna despierta y a darle la palabra para que se queje del abandono.

La mujer acusa al hombre de perfidia y traición y de incumplir los juramentos de matrimonio. Ariadna invoca a las Euménides, en su calidad de vengadoras de los crímenes familiares. Júpiter, en contra de los usos sociales romanos y de los usos literarios, que permitían el perjurio en juramentos de amor, castiga al héroe olvidadizo y perjuro. Ariadna es una figura trágica y, frente a la posición ateniense, que la considera un objeto y exculpa al héroe, en la versión de Catulo se convierte en sujeto que defiende que los valores de lealtad, confianza y amistad, propios del mundo masculino romano, se apliquen también al amor.

La Ariadna de Ovidio es secundaria. No habla, sino que escribe una carta después del abandono. La mujer  expone su condición de abandonada en una isla solitaria y descarga la responsabilidad de Teseo en objetos y elementos naturales: el lecho, el sueño, el viento que se lleva el barco, etc. Esta Ariadna, humillada y dolorida, no es sobrehumana. En su mundo no hay dioses que vengan en su ayuda. La vida de esclavitud, servicio y humillación propia de las mujeres de la época configura la ideología elegíaca que aparece en la Ariadna ovidiana.

José Carlos FernándezCorte

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