El Museo del Prado en un escenario apocalíptico

No estamos muy lejos de vivir en una época que podría parecer sacada de una película de ciencia ficción: tras una catástrofe (seguramente provocada por el hombre, atentos al cambio climático), el género humano ha logrado sobrevivir en la Tierra: la gente va y viene, controlada hasta en sus más mínimos movimientos e íntimos pensamientos por una perversa y misteriosa organización. En medio de un panorama desolador, en el que reina la desigualdad y resurge el esclavismo bajo nuevas apariencias -no entro en detalles, cada uno puede imaginarlo a su manera-, subsiste el Museo del Prado, que los gobernantes fingen mantener para guardar las apariencias, porque en realidad el Estado ha perdido prácticamente la titularidad del Museo al ir privatizando progresivamente sus servicios. En realidad a sus salas acude poca gente, casi todos muy mayores. La inmensa mayoría de ciudadanos de esa sociedad post-apocalíptica nunca han entrado allí, aunque saben que existe y hablan de esta institución con naturalidad. Si por algún motivo se vieran obligados a entrar -en nuestra ficción podría ser necesario localizar un cuadro concreto para salvar a unos pocos elegidos de un desastre definitivo, por ejemplo, un apocalipsis zombie- y tuvieran aún la capacidad de fijar su atención en algo que no fuera una pantalla digital (en efecto, ésta sería una verosímil mutación de la raza humana), observarían sorprendidos las escenas representadas en las telas: “¿Qué hace esa señora entrada en carnes y apenas cubierta con un velo en una postura tan rara sobre un toro que lleva una corona de laurel?, ¿y esos niños alados con flechas?”, dirían al contemplar El rapto de Europa de Rubens; “¿qué sentido tiene pintar a un cisne picoteando el cuello a una chica desnuda?”, dirían al ver Leda y el cisne; “¡anda!, le cortan la cabeza a uno y la ponen en una bandeja que lleva una señora!, ¡qué gore!”, contemplando la Decapitación de San Juan Bautista.

En fin, desgraciadamente no estamos tan lejos de ese momento. Pero para intentar retrasarlo, el Mueseo del Prado estrena web.

Además de otras novedades, la página incorpora recorridos recomendados, por ejemplo, el denominado Tiempo de Fábulas. Los mitos y los dioses, o, también en relación con la mitología, Amores profanos; los itinerarios están acompañados por sendas selecciones musicales y por planos guía para localizar los cuadros. La página ofrece una selección de grandes obras clasificadas temáticamente: Santos, Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Apócrifos, Desnudo, Retrato real, Dioses mitológicos, etc. Asimismo el buscador nos permite rastrear obras por tema, título, técnica, artista, etc., y da acceso a las imágenes correspondientes, un breve comentario, enlace a la Enciclopedia del Prado (si procede), bibliografía, etc.

No es sólo una herramienta utilísima sino una forma muy entretenida de perder el tiempo, pero, ¿cuál será la media de edad de sus visitantes?

Susana González Marín

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