De Spa a León: desenmascarando falsas etimologías

A menudo resulta que cuando nos enteramos del origen de alguna palabra nos quedamos ojipláticos cual Arquímedes mientras gritaba su famoso heureka —en verdad debería transcribirse con hache—. Este tipo de curiosidades por algún motivo nos llama poderosamente la atención y, hoy en día, muchas de ellas las descubrimos mediante páginas web del tipo «¿Sabías que…?» cuando, en vez de dedicarnos con afán a nuestro deber, —los peligros de internet— caemos en los brazos de la
procrastinación, término que, por cierto, proviene del latín procrastinare, «dejar algo para mañana», que a su vez viene de cras, «mañana».

La etimología es la disciplina que se dedica al origen de las palabras, y su nombre viene del griego ἔτυμον, «lo verdadero», pues mediante el descubrimiento de la palabra original se averigua el sentido primigenio, en el que está el significado verdadero; por ejemplo: hogar procede del latín focus, «fuego», porque es el lugar donde siempre se conservaba un fuego. Sin embargo, a menudo ocurre que no hay tanta verdad detrás de algunas etimologías. Para averiguar algunas es necesario tener imaginación, pero a veces parece que esta se dispara. Después, estas explicaciones peregrinas circulan a modo de leyendas urbanas: ocurrencias de alguien que se propagan a la velocidad del rayo. Aquí analizaremos algunos de esos casos:

Spa: un spa viene a ser un balneario. A veces se oye que es un acrónimo de salus per aquam, «la salud por el agua», lo cual parece muy lógico. Es más probable que venga directamente de la ciudad belga Spa, donde ya en época romana había unos balnearios famosos.

Cadáver: de igual modo se dice que es un acrónimo de caro data vermibus, «carne dada a los gusanos», una explicación muy truculenta. El propio san Isidoro explica que dicha palabra viene del verbo latino cado, que significa «morir».cadaver

Alumno: la falsa etimología en este caso no es tan conocida. Al parecer, el origen sería de a-, prefijo privativo, y lumen, «luz». Sin embargo, el DRAE nos dice que procede del verbo latino alo, «nutrir» y, por ello, también «educar».

Horchata: cuenta la leyenda que a Jaime I el Conquistador le fue llevada la refrescante bebida —orxata, en catalán— por una joven, y que, cuando la probó, dijo «Això és or, xata» («esto es oro, chata»). La verdadera etimología de horchata no es tan divertida: según el DRAE, viene del latín hordeata, «hecha de cebada».

A veces la confusión no se produce en forma de bulo, sino por un fenómeno llamado etimología popular. Esta parte de un parecido tanto fonético como semántico entre el término original y otro, con el cual se hace una especie de mezcla:

Cementerio: también el DRAE indica que este vocablo proviene, a través del latín, del griego κοιμητήριον, que significa «dormitorio», y nada tiene que ver con el cemento. Así pues, esa -n-, que no aparece en la raíz, es analógica a cemento. De hecho, en inglés aparece como cemetery, sin la etimología popular.

Cerrojo: proviene del latín veruculum, «pica pequeña». La evolución de esta palabra daría «verrojo», pero en algún momento se confundió con el verbo «cerrar», lo que da lugar a una forma intermedia.

Nigromancia: viene del latín necromantia y este del griego νεκρομαντεία, de νεκρός, «muerto» y μαντεία, «adivinación». El formante necro- se confundió con el adjetivo niger, «negro», no solo por el parecido de ambas palabras sino por la «magia negra» que viene a ser la nigromancia.

León: el parecido del nombre de esta ciudad con el del animal es pura casualidad, pues deriva del acusativo legionem de la palabra legio, «legión». Sin embargo, alguien decidió que en su escudo apareciera, efectivamente, un león.

león

Javier Antonio Sánchez Martínez

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Un comentario en “De Spa a León: desenmascarando falsas etimologías

  1. Divertida e interesante entrada. Me quedo con la falsa etimología de horchata, anécdota simpática donde las haya y de origen muy extendido a lo largo y ancho de la geografía peninsular. Y de toda Europa, creo yo; sólo hay que tener un poco de imaginación para sacar una etimología medianamente coherente y lógica, unida a una pequeña historia sobre algún personaje influyente. Así sucede con varios pueblos y topónimos del castellano. Tal es el caso del municipio vallisoletano de Ataquines, cuyo nombre arrogan los lugareños de manera legendaria a Isabel I de Castilla, la Católica. Resulta que al pasar la soberana por la localidad, se le desató una zapatilla y avisó a una de sus doncellas, de nombre Inés, diciendo: “Ata aquí, Inés”. Sin embargo parece ser que el nombre del pueblo viene de las escasas colinas que alteran el paisaje, entre las cuales destaca “Ataquín Alto”. Julián Aydillo San Martín en Pueblos y apellidos de España: Diccionario Etimológico deja entender, citando a Pascual Madoz, que Ataquines hace referencia a los siete cerros rocosos de su jurisdicción territorial.

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