Músicas de antiguos y modernos: Claude Debussy y la poetisa Bilitis

A menudo se piensa que es en la literatura o en el pensamiento occidental donde mejor se puede percibir el legado de la Tradición Clásica. Sin embargo, su influencia también se deja sentir en otros innumerables campos del conocimiento humano como, por ejemplo, con el arte que los propios griegos no dudaron en atribuir a las propias Musas del Olimpo: la música [< gr. μουσική]

Es, precisamente, en la Belle Époque cuando se (re)descubre e introduce de manera definitiva la música antigua en las corrientes artísticas modernas de mano de los impresionistas franceses y sus discípulos. Del mundo clásico no sólo se toman unos temas históricos o mitológicos como venía siendo tradición, sino que también se experimenta por primera vez con sus propias técnicas y lenguajes musicales, en busca de nuevas recreaciones de la Antigüedad.

Pionero en este y otros muchos aspectos fue Claude Debussy (1862-1918), que acabó revolucionando el panorama musical europeo con una nueva técnica compositiva plasmada en una obra tan abundante como rica en matices.

A lo largo de casi toda su obra se puede reconocer la inspiración de la Antigüedad grecolatina por el ambiente histórico que evocan algunos de sus títulos. Pero esta impresión clásica se debe sobre todo a los modos y acordes griegos con que el compositor ingenia la melodía y la armonía de sus piezas. Asimismo, a esto mismo contribuye la mímesis (implícita) de la instrumentación antigua, cosa que el autor logra siempre del buen intérprete con numerosas exigencias técnicas (i.e. tempo, matices, efectos, etc.). Sin embargo, ni que decir tiene que para los impresionistas no se trataba de una simple imitación de la música antigua, sino de una visión del mundo clásico a través de la idealización del artista contemporáneo, que les era posible gracias a los importantes hallazgos arqueológicos (e.g. Epitafio de Sícilo, Himnos Délficos) y al conocimiento de muchos instrumentos (e.g. lira, cítara, crótalos) en la Exposición Universal de París de 1889.

Buen epítome de estos rasgos se puede encontrar en una serie para piano a cuatro manos no excesivamente afamada, pero sí interesante por la bella impronta clásica que demuestra en cada uno de sus compases. Se trata, en efecto, de Six Épigraphes Antiques («Seis inscripciones antiguas») que ofrecen una visión madura y sinóptica del mundo antiguo, llevando al teclado las voces ficticias de unas estelas griegas a través de seis piezas breves:

  1. Pour invoquer Pan, dieu du vent d’été («Para invocar a Pan, dios del viento de verano»)
  2. Pour un tombeau sans nom («Para una tumba sin nombre»)
  3. Pour que la nuit soit propice («Para que la noche sea propicia»)
  4. Pour la danseuse aux crotales («Para la bailarina de los crótalos»)
  5. Pour l’égyptienne («Para la egipcia»)
  6. Pour remercier la pluie au matin («Para agradecer la lluvia matinal»)

Debussy concibe la obra en su conjunto como acompañamiento musical a parte de Les Chansons de Bilitis, libro en que el poeta Pierre Louÿs (1870-1925) pretendía hacer pasar sus propios versos en prosa como si fuesen traducciones inéditas de una poetisa lírica chipriota coetánea y émula de la misma Safo de Lesbos (ss. VII-VI a.C.). De ahí que ambos profundicen en la imaginería más propia de la Grecia arcaica insular, enfocada hacia el culto y la súplica a la divinidad, así como hacia un velado erotismo homoerótico femenino.

Safo y Alceo. Figuras Rojas

Quizá sea el primer número el que mejor sirva para demostrar brevemente estas interesantes relaciones entre la Antigüedad y la Belle Époque.

La invocación a Pan sirve para abrir la serie a la vez que se crea una atmósfera pastoral idílica, especialmente tópica en la poesía parnasiana francesa del fin-de-siècle:

«Il faut chanter un chant pastoral, invoquer Pan, dieu du vent d’été. Je garde mon troupeau et Sélénis le sien, à l’ombre ronde d’un olivier qui tremble.

«Sélénis est couchée sur le pré. Elle se lève et court, ou cherche des cigales, ou cueille des fleurs avec des herbes, ou lave son visage dans l’eau fraîche du ruisseau.

«Moi, j’arrache la laine au dos blond des moutons pour en garnir ma quenouille, et je file. Les heures sont lentes. Un aigle passe dans le ciel.

«L’ombre tourne: changeons de place la corbeille de figues et la jarre de lait. Il faut chanter un chant pastoral, invoquer Pan, dieu du vent d’été».

            Hay que cantar un canto pastoral, invocar a Pan, dios del viento estival. Guardo mi manada y Selene la suya, a la sombra redonda de un olivo que tiembla.

            Selene está acostada sobre el prado: se levanta y corre, o busca cigarras, o recoge flores con hierbas, o lava su rostro en el agua fresca del arroyo.

            Yo arranco la lana al lomo rubio de las ovejas, e hilo. Las horas son lentas. Un águila pasa por el cielo.

            La sombra vuelve: cambiemos de lugar la cesta de higos y la jarra de leche. Hay que cantar un canto pastoral, invocar a Pan, dios del viento estival.

La composición contribuye a esa misma sensación mediante todo tipo de procedimientos. La pieza comienza con un solo que recuerda al de un αὐλός y se convierte en el leitmotiv de todo el número. El tiempo es tan sólo moderado, el compás oscila periódicamente, el modo frigio articula a la vez la melodía del canto y la armonía de los acordes.

parti A continuación, el oyente es capaz de contemplar a Selene y al sujeto lírico del poema en el prado: ella corretea entre flores y riachuelos, él hila la lana de las ovejas, mientras la música adquiere un movimiento festivo con tonos más agudos y un ostinato rítmico constante, como si ahora la instrumentación constase de caramillos y panderetas.

Finalmente, la estructura musical reproduce incluso la disposición del poema, con un cierre anular que recoge de nuevo el motivo principal de Debussy al igual que el programa poético de Louÿs: Il faut chanter un chant pastoral, invoquer Pan, dieu du vent d’été. Se concluye así una nueva creación artística, poética y musical, que sin imitar torpemente un modelo, responde en forma y contenido a un hipotexto clásico desde una estética y mentalidad moderna: tal y como en su día recitaba el aedo del Himno homérico a Pan, ahora un poeta y un compositor se dan la mano para iniciar su homenaje a la Antigüedad.

Grosso modo, en los demás epígrafes antiguos se pueden apreciar unas relaciones semejantes en esta encrujizada entre Debussy, Louÿs y el mundo clásico. Por supuesto, son números igualmente recomendables por su composición o por su gusto estético: de momento, queden aquí señaladas algunas grabaciones para saciar la curiosidad de cualquier lector interesado.

Federico Pedreira Nores

 

 

 

 

 

 

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