Aristófanes en Hollywood

Las Clásicas están de moda. Eso es un hecho. Igual no tanto en el ámbito educativo (donde parecen querer condenarnos a un ostracismo incomprensible e irresponsable), pero sí en el del entretenimiento. Con tanto concurso televisivo como hay, más pronto que tarde acaba saliendo un tema grecolatino. Pero donde los temas clásicos han dado el pelotazo es en el mercado cinematográfico.

Hace una semana vio la luz el tráiler de ‘Chi-Raq’ (puedes ver la ficha completa de la película en IMDB aquí), la nueva película de Spike Lee, que lleva el argumento de la Lisístrata de Aristófanes al Southside de la actual Chicago. Y más allá de las ampollas que dicho trailer haya podido levantar (desde los que acusan al director de trivializar el tema, hasta quienes, cuidado con esto, tachan de MACHISTA el argumento), la verdad es que debemos alegrarnos de que lo griego y lo romano tengan tanta presencia en el cine últimamente… o bueno, igual no.

Nunca he sido muy fan de la máxima ‘que hablen de mí, aunque sea para mal’. Quiero decir, si nuestro objeto de estudio pasa a estar en boca de todos por el saber hacer de ‘Gladiator’ o esa maravilla envejecida que es ‘Jasón y los Argonautas’, bienvenido sea; si la chavalada habla del latín y el griego por Percy Jackson, pues mire, no es que sea muy allá, pero siendo un producto infantil, no nos vamos a poner exquisitos. Y qué diablos, que a mí quien me despertó un primer interés por el latín fue el señor Potter.

Pero si la fama para nosotros, los clásicos, depende de cosas como ‘Ira de Titanes’ o la reciente ‘Pompeya’, oiga, mire, ahórreselo. A menos que sea para decir que con un filólogo clásico de por medio, eso jamás habría ocurrido.

Puedo comprender cierta libertad a la hora de adaptar, pero un Perseo agnóstico, una batalla de Troya sin dioses mediantes o un Hércules gladiador en un teatro griego (sí, he dicho ‘gladiador’, y sí, he dicho ‘teatro griego’) me parecen cambios tan excesivos como innecesarios. Siguiendo con el héroe griego: frente al gladiador griego de ‘Hércules: El origen de la leyenda’ (ya el título invita a alejarse) de principios de 2014, a mediados de ese mismo año encontramos otra versión diferente, un Hércules mucho más cercano a lo que solemos tener por costumbre (fuerte, barbudo, con la piel del león), y a la vez diferente, ya que se nos muestra la gesta de los doce trabajos como fruto de una labor en equipo. Así, el semidiós pasa a ser más humano, más vulnerable. No hace falta arrancar a los dioses del argumento, y no hace falta convertir a un hijo de Zeus (y menos a uno consciente de serlo) en alguien que no cree en los dioses.

Eso sí, no pierdo la esperanza (será la práctica: universitario, español y licenciado en Filología Clásica. Esperanza ya me puede sobrar): tarde o temprano, algún director de corazón puro se aliará con guionistas de pluma ágil y precisa, y el péplum volverá a ser lo que era antes. Y si no, siempre queda trasladar la historia a una época más actual, como ha hecho Spike Lee con ‘Chi-Raq’ (con incierto resultado), o los Cohen con ‘O Brother’ (un peliculón a la altura del ítaco de mil ardides).

Por cierto, para principios de 2016 comenzará la producción de un nuevo film sobre la Odisea. Que los dioses nos cojan confesados…

Alberto López Redondo

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